A pesar de unir dos conceptos como homosexualidad y cultura musulmana en un mismo texto, la intención de este artículo no es la de causar polémica, no. Se trata más bien de una mirada a Oriente, a su cultura y a esas muchas costumbres entre las que se incluye el hecho de que dos hombres caminen de la mano juntos por los caminos de unos países famosos por su intolerancia al colectivo LGBT

Oriente, el mundo y varias contradicciones

Y a Lot. Cuando dijo a su pueblo: "¿Cometéis una indecencia que ninguna criatura ha cometido antes? Ciertamente, por concupiscencia, os llegáis a los hombres en lugar de llegaros a las mujeres. ¡Sí, sois un pueblo inmoderado!"

Este texto pertenece a El Corán, libro sagrado que condena de forma explícita la homosexualidad desde tiempos inmemoriales.

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En la religión musulmana no se concibe el acto sexual que no sea con la esposa (cualquiera de ellas) y dentro del matrimonio, de ahí que las limitaciones ideológicas conviertan cualquiera otra opción en carne de tabú.

Nada nuevo por otra parte. 

Sin embargo, siempre hay curiosos matices. Durante algunos viajes a Marruecos o a la India, país con una alta población musulmana, pude comprobar en más de una ocasión cómo varias parejas de hombres andaban cogidos de la mano por la calle, sonrientes, sin ningún tipo de pudor.

Investigando, poco después, descubrí que este gesto era símbolo de lealtad, armonía y respeto por el prójimo masculino. Porque en los países musulmanes andar por la calle de la mano con tu esposa es razón suficiente para que todo el vecindario piense que has sucumbido al ardiente deseo de la lujuria. 

Al mismo tiempo, en Occidente dos buenos amigos nunca irían de la mano. De hecho, nos protegemos cada vez más tras una tecnología que sustituye los gestos nobles por iconos y superficialidad.

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Aún así, y por suerte, somos cada vez más tolerantes con la diversidad sexual, el colectivo LGBT y las relaciones entre dos personas del mismo sexo.

El mundo continúa siendo un lugar de muchas contradicciones, donde el problema quizás resida en la incapacidad de las Culturas para aliarse y convertir sus mejores valores en unos más globalizados, tan universales como las historias de "Las mil y una noches".