Sin poner en cuestión el derecho a la información y asumiendo la enorme utilidad de los medios de comunicación de cara al conocimiento los hechos y la ayuda que esto puede tener de cara a la investigación policial, cabe preguntarse cuál es el límite que marca la diferencia entre información veraz en intromisión con tintes de excesivo sensacionalismo.

Entrando hasta la cocina

En numerosas ocasiones hemos comprobado cómo los medios se hacen eco de noticias como la desaparición de #Diana Quer como ya ocurrió con caso anteriores (esperemos que el desenlace en esta ocasión sea muy diferente) como el de la joven Marta del Castillo o los pequeños de Córdoba Ruth y José.

En todos estos casos, como en algunos otros, los espectadores hemos podido conocer el avance de la investigación y, en su momento, esto puede resultar de gran utilidad para que los ciudadanos colaboren en la medida de sus posibilidades.

Por otro lado, el enorme interés despertado a raíz de estos casos supone una fuente casi inagotable de audiencia para algunas televisiones y medios de excesiva tendencia sensacionalista que no tienen reparos en mostrarnos hasta el más mínimo detalle de la intimidad de los familiares, de la vida de los desaparecidos, de sus inquietudes, vergüenzas, secretos o fantasías más íntimos siempre y cuando puedan arañar un par de espectadores más.

La gente quiere saber, sí, y es necesario que la información sea honesta, minuciosa y veraz, sí, pero ¿hasta qué punto puede ayudar a la investigación que los ciudadanos de a pie conozcan, por ejemplo, la distribución de la casa de la familia de Diana Quer?

No son pocos los tertulianos que dan su opinión criminalizando a uno y otro sin fundamentos reales y, sin duda, no aportando ni información útil ni beneficio alguno para una familia que sufre una situación extrema.

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Agravio comparativo

Además de la excesiva intromisión en asuntos íntimos de forma innecesaria, en no pocas ocasiones podemos preguntarnos ¿por qué este caso y no otros? Lo cierto es que existe un registro de personas desaparecidas que cada año se cuentan por miles resolviéndose por fortuna la mayoría de estos casos. Sin embargo, hasta cien personas permanecen en paradero desconocido cada año sin que la prensa se haga eco de cada uno de ellos con la intensidad mediática que tienen otros casos.

¿A qué se debe este desequilibrio en la información? Cabe preguntarse una vez más si no sería más acertado dar exclusivamente la información necesaria para ayudar a la investigación y mantener informada a la población sin abundar en datos escabrosos y morbosos pero abarcando una mayor cantidad de casos de desaparición. Al mismo tiempo puede tener sentido la pregunta ¿son los medios sensacionalistas los culpables o los consumidores de dichos medios?