LA CRUZ

De casa se viene "meao" y cagao". Es textual. La respuesta que me da el solícito guardia de seguridad cuando le interpelo por la posibilidad de ir al baño. Cada vez que visito la oficina del paro, que últimamente resulta bastante frecuente, tengo una hora de viaje, más otra hora de espera en los mejores días.

A mi alrededor se sientan en bancos incómodos o en sillas escasas, mamás con sus pequeños hijos, o gente mayor que acompaña. Apoyados en las paredes nos situamos los de vejiga relajada como yo, e incluso los incontinentes.

Bien, pues parece ser que para este señor, esta situación, no es suficiente motivo para que le molestemos con remilgos.

Entonces, le hago la fatídica pregunta: "¿Me indicas dónde está el baño, por favor?. La respuesta ya la conocen. 

Como mi cara se descompone casi tanto como mi bajo vientre, le digo que hay gente mayor y bebés que igual lo necesitan. Aquí viene lo mejor: .- "Bueno, sólo si es una urgencia". Si, si, claro. Pongo cara de urgencia. Iniciamos la misión secreta. Detrás de lo que parece un panel de madera, hay una cerradura. Está camuflado con papeles pegados en la pared y un letrero que dice PRIVADO. Nadie diría que es la entrada hacia el mundo del lavabo.

El guardia mira hacia los lados, y me abre. Adentro.

Lo que aconteció a continuación no merece ser relatado. Cuando salgo, evito mirar a los ojos a los ancianos con las piernas apretadas y a los niños que lloran con su pañal mojado. Me siento cómplice de la barbarie.

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Así que me dirijo a una mesa donde hay una persona que va a atender mi reclamación.

Han pasado un mes y he vuelto a la oficina del paro. La puerta sigue camuflada, el cartel de PRIVADO en su sitio y la cara del guardia de seguridad delata que sus pensamientos no deben haber evolucionado.

La respuesta a la reclamación llegó. Decía que todo estaba en orden. O sea, que de casa viniera....

LA CARA

El cartel luminoso me indica que puedo pasar a la mesa 26. Una persona que bien podría ser un robot me atiende sin mirarme a los ojos. Rellena mi solicitud, me hace firmar en una pantallita y me despide sin continuar mirándome a los ojos.

Como quedo desconcertada y con dudas, otra empleada repara en mi. 

.- "¿Necesitas algo?" "¿Te puedo ayudar?"

¿Así? ¿Podemos hablar sin cita previa ni nada? No puedo creer que alguien gaste su tiempo de descuento antes de que finalice su trabajo en ayudar al público. Sus compañeras están intercambiándose sus próximas dietas y la miran con recelo por ser tan considerada. Entra en mi perfil y me ayuda a completar mi curriculum y me anima a interesarme por una oferta.

Si no fuera porque al marcharme he vuelto a ver al guardia de seguridad custodiando la falsa puerta del lavabo, hubiera vuelto a creer en la condición del género humano.