Hace exactamente sesenta y seis días los españoles nos veíamos nuevamente acudiendo a determinados colegios; y no por gusto precisamente, ni por rememorar antiguas experiencias infantiles en el patio de recreo. Hace aproximadamente nueve semanas tenían lugar los segundos comicios en España en menos de un año. Y hace prácticamente dos meses que seguimos igual, si no peor, que antes de diciembre. 

Pero lo que por entonces pudo haber sido una oportunidad de reivindicación social, de querer arreglar las cosas y recuperar la decencia tanto en las instituciones públicas como de cara a Europa y al mundo entero, no ha acabado siendo más que la consagración de una certeza: la de que España es un país de quejumbrosos y conformistas.

Pero, dejando a un lado las críticas hacia una gran mayoría de votantes, me inclino a pensar que, al menos, todos ellos votaron sabiendo a quién votaban. Todo sabían a lo que se comprometían.

Otros, sin embargo y por desgracia, y entre los que yo me incluyo, votaron a un partido sin saber, que, en realidad, estaban votando indirectamente a otro. Y es que hasta hace dos o tres semanas, un servidor aún mantenía la esperanza de que el nuevo partido autodenominado ''de centro'' y liderado por el joven Albert Rivera no solo diera plantón al #PP, sino que se convirtiera en un alternativa seria para desbancarlos de una vez por todas. Pero lo que pudo ser, no fue. Porque, si pudiese decirle algo al señor Rivera, es que, de haber sabido que el blanco iba a ser negro y que donde dije digo, digo Diego; nunca lo hubiese votado.

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Si quisiese que todo siguiera igual, es tan sencillo como hacer lo que tantos otros españoles han hecho, votar a Mariano Rajoy. Pero de tanto hablar de regeneración política, de castigar a los corruptos, de desbancar a los de siempre y, en definitiva, de adecentar un poco el país, pues uno se lo empieza a creer, aunque sea mínimamente.

Porque el problema no es que los 32 diputados naranjas no solo no se vayan a abstener, ni siquiera es que estén dispuestos a votar que sí a un hombre al que han llamado de todo. Lo realmente horripilante de la situación es que están obligando a TRES MILLONES de españoles, que se dice pronto, a votar a alguien que no querían. Y, es que, la mayoría de ellos votaron, precisamente, por eso a #Ciudadanos: para echar a Rajoy y su estela corrupta. 

Así que en esas estamos, viéndolas venir mientras cada día tachan de NO corrupción lo que antes eran casos flagrantes en los que diputados populares, a petición de Ciudadanos, debían dimitir (cosa que, siendo en España, todos sabemos como acaba).  #26J