La familia de Ana Huete, la granadina fallecida en el Terremoto de Italia, se trasladó el pasado viernes a Roma. El Ministerio de Asuntos Exteriores no va a costear la repatriación de dicho cadáver, por lo tanto será la familia la que tenga que hacerse cargo, y pagar unos 6000€, como lo valoran hasta el momento.

Nicolás Espigares, tío de la muchacha, ha mostrado su descontento, y aunque entiende que según la ley, exteriores no tiene porque costear esa repatriación, sí pide que se faciliten todos los trámites administrativos, la respuesta del ministerio es que sí colaborarán en la resolución de todos los trámites burocráticos en los que ellos puedan ayudar.

Es un buen día para recordar que no hace mucho tiempo se trasladó a España al Sacerdote Miguel Pajares, enfermo de ébola, una enfermedad contagiosa y mortal.

El gobierno español traslada a un sacerdote enfermo, pero no puede sobrellevar la repatriación del cadáver de una jóven.

¿Alguien se da cuenta de la locura que es esto, o es que sólo yo lo veo?

Con el traslado del sacerdote, se corría un riesgo tremendo por posible infección. Riesgo que al final acabamos sufriendo cuando algo salió mal en el protocolo de actuación de enfermedades infeciosas.

¿Cuál es la diferencia entre un sacerdote y una jóven? ¿No hay nadie en el mundo que pueda ayudar a costear este problema?

Nos gastamos millones de euros,  según el ministerio pedirá parte de dichos gastos a la orden. Pero no dudamos, no preguntamos, vamos directos para salvar a una persona, que los más inteligentes, sabían que un enfermo de ébola, iba a acabar falleciendo.

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Así que nada, gastamos dinero que no sabemos si vamos a recuperar, ponemos en peligro a miles de personas, movilizamos a lo que haga falta para traer intacto al sacerdote desde Liberia hasta España, pero no se piensa en ayudar a una familia que lo único que quiere es poder enterrar a su hija, nieta, sobrina u otros, dignamente, en su país de procedencia.

¿Dónde están los derechos humanos? ¿Nos acordamos de ellos?