En los últimos años, las acciones políticas para combatir el maltrato entre parejas, ha ido encaminada a endurecer la ley hacia los maltratadores. Sin embargo, estas medidas tomadas por el gobierno de Zapatero, no ayudaron a las mujeres que realmente sufren maltrato sino a mujeres que no dudan en presentar una denuncia falsa con el objeto conseguir sus propósitos en un divorcio reñido. La inmediatez buscada en el tratamiento de los casos del maltrato, si bien, se instauró con buenas intenciones, el caso es que no ha hecho efecto en las personas que realmente necesitan ayuda.

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Una encuesta realizada en 2006 confirmó la ineficacia de esta ley.

Confusión de sentimientos

La culpa es uno de los sentimientos más comunes en una persona maltratada.

El motivo de esta culpa es por la incoherencia que supone odiar y amar al mismo tiempo, "traicionar" a las espaldas de la persona amada buscando ayuda legal o profesional. Si a esta culpa añadimos que ahora es más fácil que nunca encarcelar a nuestra pareja, el efecto es que la denuncia se convierte en un instrumento difícil de desempeñar para una mujer maltratada que sabe que, por un lado, no quiere hacer daño a su pareja pese a que ésta le está proporcionando ese daño y por otro lado, tiene miedo a las represalias. Tampoco considera esta ley la posibilidad de que el maltratador no sea sólo la pareja sino toda la familia de la pareja y que una acción contra el maltratador suponga una reacción violenta por parte de la familia del maltratador hacia la víctima. 

Una ley dura pero poca ayuda previa

Una mujer que sufre maltrato, antes de denunciar, necesita ayuda psicológica y económica y eso no lo proporciona la ley.

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Y es que, antes de poner una denuncia, una mujer maltratada necesita aclarar sus deseos, vencer sus miedos, alejarse del maltratador, encontrar una fuente económica que le permita vivir sin él y después poner la denuncia. Si todo lo anterior no está resuelto, la mujer no puede poner una denuncia. No se puede meter a la pareja en un calabozo, por muy rápida que sea la ley, para después tener que esperarle en casa a la hora de la cena. Por eso todas las acciones deben ir encaminadas a una ayuda psicológica y económica.