Hace ya más de un año del atentado contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo. Un ataque perpetrado por dos hombres enmascarados y totalmente armados. Armados con pistolas, escopetas y fusiles de asaltos. Estos últimos, los ya conocidos como AK-47. Un arma cada vez más extendida, más conocida, más letal.

Pero, ¿cuál es el precio de un AK-47? Su precio en el tercer mundo oscila entre los 30 y 125 dólares (entre 27 y 112 euros); es más barata que las obras completas de Voltaire, que un Corán bien encuadernado. Y su mecánica es tan sencilla que cualquiera puede hacerse con una y apretar el gatillo donde le venga en gana.

Por eso, el AK-47 es tan popular en los países de guerra como las viñetas humorísticas en los países de paz.  Es la goma del extremismo religioso. Si hay algo que no gusta, se borra y ya está. Es un instrumento fácil, y no hay voz por encima de ella, y mucho menos por delante. Y es la herramienta favorita del fanatismo.

Pero aquí, en Occidente, no somos tan fáciles de manejar. A ustedes, que se consideran fieles defensores de Mahoma y de su prohibidísima imagen, y que se cobraron 12 vidas, me hubiese encantado preguntarles como pueden llegar a ser tan absurdos en sus ideales. Han pretendido hacernos creer que aquel atentado, aquel crimen, aquel asesinato, que no a la libertad de expresión, sino a nuestra forma de ver el mundo, se debe a que no hemos respetado su mundo y dogmas, al Islam, cuando no han respetado nuestra principal regla, la vida.

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Pero aquí, afortunadamente, somos más inteligentes, sabemos que el enemigo no es el Islam. No vamos a acusar a todo aquel musulmán de esto. Lo siento, pero no han conseguido asustarnos.

Insisto, somos más inteligentes. Gracias a quien sea, en Occidente podemos quejarnos, reírnos de nosotros mismos, gritar y reclamar, sin miedo a una represión como esta. Porque somos capaces de reconocer lo bueno de cada cultura, al igual que lo malo. Podemos vivir tranquilos dibujando cualquier cosa, porque aquí una caricatura no mata. Hace reír, quizás crispe a algún que otro político de turno, pero no mata. Pero repito, esto no ha sido un ataque a la libertad de expresión, es un ataque a todo Occidente. Literalmente, han querido reprimir nuestra voz, infundirnos el terror como si hubiésemos vuelto 500 años atrás.

Por eso, no han conseguido lo que pretendían. Ya hemos aprendido. No vamos a cortar cabezas -metafóricamente- a todo aquel que comparta su religión, que no su fanatismo. No vamos a echar a nadie de su casa, ni de su ciudad, ni de su país.

Porque aquí sí se puede vivir sin miedo, sin coacciones. Y porque no es la primera vez que sufrimos esto, ya nos hemos levantado muchas veces y esta no es la primera, y sabemos que tampoco será la última.

Por eso digo que nosotros somos diferentes a ustedes. Es demasiado fácil la islamofobia. Es muy fácil hablar del moro malo, casi tan fácil como disparar con una AK-47. Si somos mejores que los fanáticos es porque poseemos la capacidad de observar, una mira telescópica de precisión

No fue la primera vez, y desgraciadamente, han ido viniendo más. Aquella vez le tocó a Charlie Hebdo, una publicación valiente y sin el más mínimo atisbo de miedo, que siempre ha tenido al extremismo religioso como una de sus principales flancos de críticas. Y con ellos, Madrid, París, Bruselas, Noruega. Y yo, desde aquí, les digo que una AK-47 no les hará callar ni dejar de dibujar, porque nunca han dado un paso atrás, y sé que esta vez tampoco. Y tras ellos, 

Me acuerdo cuando en el colegio, al pasar de un curso a otro, ya más mayor, nos obligaron a escribir todo a bolígrafo y dejar de escribir a lápiz para luego repasarlo. Y desde aquello, se consideró que ya habíamos dejado de ser niños. Entiendan ahora a que me refiero cuando digo que no han conseguido su propósito; nosotros hace ya mucho que dejamos los lápices, porque no tenemos miedo a escribir. #Terrorismo #Estado Islámico #Blasting News España