Una vez más el tema del toreo salta a la palestra debido al fallecimiento del torero Victor Barrio en la plaza de toros de Teruel, aunque esta vez la polémica ha surgido a raíz de lo que se ha hecho al respecto en las redes sociales.

Lo que aquí se nos presenta no es sino el reflejo de una sociedad que parece incapaz de sentarse a hablar para solucionar las cosas y prefiere dedicarse a increpar, como ha sucedido entre Miguel Abellán y Espargaró. No hay que olvidar que en este caso los comentarios han sido en ambas direcciones, a pesar de que los medios hayan cubierto más ampliamente lo dicho por los antitaurinos.

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Dentro del debate de la Tauromaquia que tantas veces hemos escuchado, las posiciones son totalmente opuestas y no se aprecia un acercamiento de las partes, cuyas posturas son la defensa total o la prohibición, esgrimiendo cada cual sus argumentos.

De manera sucinta, unos dicen que hay que respetar su profesión y los otros que el espectáculo se desarrolla en torno a la tortura de un animal inocente. ¿Cuál sería pues el punto intermedio? La solución podría pasar por suprimir todo aquello que hace sangrar al animal: las banderillas, la estocada final, etc. Como resultado tendríamos a un hombre (o mujer en contadas ocasiones) con un capote delante de un toro en plenas facultades y el primero de los dos que cayese de rodillas agotado sería un justo vencedor.

Las pegas por parte de los taurinos serían que se pierde una parte importante de su “arte”, y por parte de los antitaurinos que se sigue utilizando un animal para el disfrute humano. No obstante, de esta manera no se torturaría animal alguno y los toreros podrían lidiar con el toro.

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Si buscamos ejemplos equiparables, las peleas de perros o de gallos son ilegales, mientras que las carreras de galgos o caballos son legales (aunque aquí el debate también persiste). 

Mientras las posturas permanezcan enconadas, y parece que va par largo, seguiremos dando vueltas al mismo tema una y otra vez sin posibilidades de avanzar. De aquí se dará el resultado que serán las instituciones las que decidan; ya sea de manera indirecta, como fue el caso europeo, o de manera directa como en el caso catalán. No obstante, es posible que los estertores de la Tauromaquia sean producidos por la realidad económica, ya que no son los mejores tiempos para la misma.