En estos tiempos estamos pasando por una serie de crisis: laboral, económica, política y educativa; por mencionar sólo algunos aspectos comunes. Por ello es imperativo que constantemente estemos inmersos en un debate y reflexión continua sobre problemáticas particulares. Por ejemplo, el tema de las universidades y su tramposo debate entre cuál es mejor: la privada o la pública.

Para ello es importante subrayar el problema más espinoso que se está presentando y que en ello participa de alguna manera el gobierno y algunos sectores empresariales y económicos. Nos referimos a la intensa campaña de desprestigio que se está realizando en torno a las “deficiencias” de las universidades públicas.

Esa afirmación a boca jarro resulta ambigua y carente de sustento argumentativo.

Llegar a afirmar que una #Universidad privada es mejor que la Universidad de Sevilla, no tiene validez, sobre todo si se revisa desde el punto de vista de las aportaciones de los investigadores. La universidad pública la mayoría de las veces tiene más investigadores que una privada; de hecho, en esta variable a veces resulta nula pues los docentes son contratados nada más para dar clases y no para realizar un proyecto de investigación.

Sólo se preparan las carreras universitarias en la iniciativa privada para ejercitar y preparar en todos los rubros, y de manera particular en la competitividad, para el mercado laboral; nada más. Y sin embargo, resulta curioso que se desarrolle una campaña de desprestigio hacia las universidades públicas como se está realizando últimamente.

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¿Cuál será el trasfondo real de todo esto?

El sector académico no puede someterse nada más a la dinámica del mercado laboral, es importante un fuerte desarrollo de las investigaciones y de propuestas de innovación; y por supuesto, ante la creación y proliferación de nuevos conocimientos y formas de abordar un fenómeno en las ciencias sociales y humanísticas, que son las áreas más atacadas en este sentido.

El ser humano no puede prescindir de estos asuntos y apegarse sólo a la razón de la tecnología como estandarte del bienestar común y la defensa acérrima de la idea de progreso.   #Educación #Globalización