No seamos hipócritas. Si conocemos la trayectoria televisiva de Mila Ximénez, quiere decir que estamos enganchados a un cierto tipo de programas que no se caracterizan precisamente por su alto nivel intelectual, criterios éticos o tono moderado. Algunos de nosotros no damos para más, los programas del corazón son lo único que nos interesa. Otros compaginan su afición a "Sálvame" con debates sobre el uso de células madre y documentales sobre el papel de la mujer en la Revolución francesa. No vamos a echarle mucha filosofía ni tratar de profundizar en los motivos psicológicos del interés por este tipo de contenidos. Nos va la marcha, el cotilleo, la polémica; aceptémoslo.

Todos ya sabemos de sobra que en ocasiones los habitantes de este mundo mediático se pasan de la raya. Llegan a proferir descalificaciones demasiado graves, revelar secretos demasiado íntimos o herir a personas demasiado cercanas. Son programas donde las definiciones del buen gusto y de lo éticamente aceptable son constantemente renegociadas. Pero todo tiene su límite ¿verdad? Por más que me esfuerce, no consigo recordar un personaje público tan verbalmente agresivo como Mila Ximénez. Sus amigos televisivos parecen quererla mucho. Sus motivos tendrán. Siempre la he encontrado excesiva en los arranques que en innumerables ocasiones protagonizó en el plató de Sálvame pero, al mismo tiempo, reconocía una cierta humanidad en su forma de actuar en determinadas situaciones y así terminaba atribuyendo sus violentos arrebatos a un guión televisivo.

Vídeos destacados del día

Por eso, me esperaba que en un reality Mila se mostrara una mujer mucho más madura, sabia y serena y mucho menos agresiva, cruel y despiadada que la que pudimos conocer en sus apariciones en los platós. Nada más lejos de la realidad.

En “Supervivientes” vi a una Mila Ximénez más agresiva que nunca. Se metía con una persona, reconocía sus puntos débiles, le daba donde más le dolía sin piedad día tras día hasta que a ella misma le convenía, pedía perdón y pasaba a su siguiente presa. Su comportamiento en la isla me dejó muy decepcionada pero ese no es el motivo por el que no la vi en "Sálvame Deluxe". No la vi porque la actitud de sus compañeros durante y después del reality me hizo creer que la entrevista no iba a ofrecer lo que muchos buscamos en este tipo de programas. Esa “lucha entre el bien y el mal”, por muy banales que sean sus manifestaciones, en la que nos identificamos con una de las partes y seguimos la evolución de la polémica esperando que los que representan la versión que nos creemos de una historia o los valores que apoyamos en un conflicto salgan triunfantes.

Si las humillaciones, crueldad y falta de empatía en un plató se definen como "un juego", se interpretan como “ser sincera”, “ser auténtica”, “ser clara” y “ser directa” y cualquier atisbo de crítica es ridiculizado y despreciado, la lucha entre iguales se ve reemplazada por el linchamiento del más débil. Cuando los programas del corazón se convierten en eso, pierden el encanto que ejercen sobre muchos de nosotros.

No pude resistirme a echarle un vistazo a Twitter para comprobar si me había equivocado. ¿Tal vez algún compañero se haya atrevido a plantarle cara a la temida Mila? Lamentablemente, los tuiteros sólo confirmaron mis suposiciones.