¿Recuerdan cuando el independentismo en Cataluña era el primer problema nacional? ¿Recuerdan que en esta última legislatura, y sobre todo en el último año, todos los partidos señalaban a los grupos políticos independentistas como al mismísimo demonio? ¿Recuerdan la intensidad con que se ha atacado a Podemos+IU por declararse favorables al diálogo con "los rupturistas de la unidad" de España? ¿Recuerdan, tan bien como yo, que nadie (#PP+PSOE+C´S), bajo ningún concepto, pactaría con ellos? Pues simplemente se reían de los votantes. De todos nosotros, sí. También de ti. Sabedores de que no tendría consecuencias, a sabiendas de que la misma prensa que nos hizo creer que España se quebraba en dos, callaría cómplice. 

El Partido Popular, que ha ganado buena parte de sus votos gracias a su política del NO a la cuestión catalana, cambia ahora, una vez concluidas las elecciones, la estrategia de forma drástica.

La incomunicación, algo muy reprochado al presi, deja paso a constantes reuniones. La negativa, incluso a sentarse en una misma mesa, torna ahora en voluntad conciliadora.

La maniobra, que siempre se asemejó peligrosamente a una obra circense cuyo fin único era distraernos de la mayor -ese caudal de corrupción, privatización y despilfarro de lo público- ahora se presenta al público fuera de luces, sin telón ni atrezos.

El Partido Popular, en estos segundos comicios, necesitaba el apoyo del demonio. Y no ha dudado en acercarse a él, aún a riesgo de quemarse los dedos. Ahora las reuniones se celebran, según ambas partes, en un clima de cordialidad. Ya no suponen una amenaza para nuestra manoseada Democracia. Ahora es Rajoy quién, con el ministerio de Hacienda de la mano, arriba en tierras catalanas para negociar: ofrece autorización para que Cataluña pueda suscribir deuda a corto plazo por 685 millones de euros.

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Es decir, permite que Cataluña se endeude más a cambio de apoyo político. Se aprovecha, como también ha hecho CDC, del centralismo del Estado y de los nacionalismos patrios (unionistas y separatistas) alimentados vehementemente durante años para aferrarse cuatro ejercicios más al poder. A ambos bandos les convenía esta guerra sin muertos.

Además de lo servido, lo prometido. El ejecutivo -en funciones, no se olvide- garantiza a Cataluña la refinanciación de 1.600 millones de euros de deuda a corto plazo que vencía en julio y agosto. Si antes mencionábamos que la ofrenda era posibilidad de deuda, ahora es dinero a cambio del respaldo de los representantes de CDC en la investidura. Algo que los catalanes llevan demandando desde diciembre, pero que casualmente ocurre también ahora. Esta financiación se ejecuta a través del Fondo de Liquidez Autonómico, es decir, mediante un órgano creado en 2012 por el propio Partido Popular.

El PP ha pasado de utilizar a la Oficina Antifraude y a la Policía Patriótica a emplear al ministerio de Hacienda, transcurriendo desde la amenaza y la vigilancia ilícita al chantage, que así se dice en francés. 

Si los pactos con las fuerzas independentistas eran un peligro para la nación, si CDC y los suyos suponían una amenaza para nuestro Estado de Derecho, si el mero hecho de reunirse con ellos suponía un desafío a la seguridad de España, ¿Qué ha cambiado ahora? ¿Porqué ya no hay miedo al independentismo? ¿Porqué ya no desayunamos con portadas y telediarios apocalípticos? ¿Porqué ya no se anuncian desde Cataluña nuevos pasos hacia la "desconexión"? ¿Es Rajoy un radical que pretende desmembrar el territorio? ¿Lo percibe así la población? ¿Es posible que usaran los sentimientos nacionalistas, y a los medios de comunicación, para volver a ganar elecciones? ¿Nos han engañado con Cataluña? #Mariano Rajoy #Independencia