La realidad siempre supera la ficción; o dicho de otro modo, es la ficción la que se crea en base a la realidad. En el mundo de la fantasía épica que tan de moda se puso a partir de la adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos, los enanos nacen bajo tierra y ese es su hogar natural. Además, son expertos mineros, para lo cual su cuerpo está perfectamente adaptado. Si nos fijamos en el sector de la minería, históricamente la gente más pequeña ha sido la ideal para el trabajo ya que se desenvuelven mejor en los angostos túneles. El uso de mano de obra infantil era el pan de cada día, cosa que ocurre en la actualidad en diferentes minas del planeta.

Por tanto, vemos que la realidad tiene su reflejo en el ideario público

Si nos fijamos en obras como 1984, V de Vendetta, Battleroyale, etc., vemos sociedades dirigidas por individuos o grupos gracias a la sumisión voluntaria de la mayoría de la sociedad. En estos regímenes el poder de los dirigentes es total y absoluto (en todos ellos se reescribe la historia) y parece que el individuo poco o nada puede hacer para cambiar la situación. Si dentro de estas obras buscamos el comienzo de todo, el nexo de unión entre las mismas es una serie de incidentes catastróficos (guerras, ataques terroristas, epidemias, etc.) que da comienzo a un proceso que termina en sociedades totalitarias. No obstante, ¿cuál es el elemento que todos los individuos de dichas sociedades comparten, y que tiene su base en la realidad? El miedo. Es miedo el elemento que hace de las masas un material voluble y maleable. 

Tras los últimos acontecimientos acaecidos, diferentes jefes de estado han decretado el estado de emergencia en sus respectivos países, activando así las correspondientes medidas excepcionales (ejemplo de esto son Francia, Bélgica y Turquía).

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Sin embargo, ha habido situaciones previas que también sirven de ejemplo, como son la ingente cantidad de cámaras de vigilancia que hay en la ciudad de Londres, o la aprobación tras el 11-S de la Ley Patriota. 

Es en estas situaciones en las que decidimos ceder parte de nuestros derechos y libertades en aras de conseguir una mayor sensación de seguridad. Así y todo, una vez hechas estas concesiones, los diferentes gobiernos no tienen pudor alguno en excederse en el uso de las "herramientas que les proporcionamos para nuestra seguridad". No parecemos del todo conscientes de que una vez renunciados, estos derechos y libertades son prácticamente imposibles de recuperar. Cuando el miedo reina, aceptamos medidas que en situaciones de calma no admitiríamos, como pueden ser la pena de muerte o el uso de tortura en los interrogatorios. Puede parecer una exageración, pero en este país los conceptos de cadena perpetua revisable o ley mordaza no son desconocidos.

En el actual contexto de terrorismo islámico debemos hacer todo lo posible por no incurrir en la irracionalidad y ser extremadamente cautos con los derechos que otorgamos a nuestros líderes a la hora de actuar.

Si nosotros como sociedad no vigilamos a los vigilantes, ¿quién lo hará?