La radicalización de una minoría de la población musulmana residente en Europa ha pasado de ser un fenómeno tratado como objeto de estudio sociológico a convertirse en una amenaza real cuyas consecuencias estamos sufriendo ahora, siendo el último ejemplo el atentado en Niza.

Hay quien podría decir que lo que estamos sufriendo en Europa es lo que llevan sufriendo en Oriente Medio a lo largo del último medio siglo. Sin embargo, esto no hace sino desviar la cuestión ya que aquellos que cometen los atentados han nacido y crecido en Europa, siendo segundas e incluso terceras generaciones de inmigrantes. Por lo tanto la cuestión es, ¿qué es lo que lleva a estos jóvenes a decidir cometer dichos actos?

Se ha señalado la crisis de identidad que sufre la juventud de la clase media en el mundo capitalista como factor, ya que a partir de aquí los jóvenes musulmanes tratan de construir su identidad alrededor del fanatismo religioso y de tal modo dotar de significado sus vidas.

No obstante, de la pérdida identitaria a cometer asesinatos en masa hay todo un abismo. Si establecemos la comparación con los jóvenes occidentales, tras perder su identidad la juventud occidental suele tomar decisiones que se consideran erróneas como son el abuso de sustancias o relaciones personales dañinas, o decisiones de otra índole como pueden ser viajar o retiros espirituales (en el caso de jóvenes religiosos la opción suele ser la vida secular). Ninguna de estas actitudes termina en actos terroristas. Por lo tanto; ¿qué otros factores habríamos de tener en cuenta?

Que a la hora de cometer los atentados se precise de un total desprecio por la vida humana no es del todo cierto. Al igual que en la guerra, hay que deshumanizar al enemigo para que acabar con él o ella sea moralmente más sencillo.

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En este caso no están matando personas humanas, están matando infieles. En un contexto no bélico y de convivencia urbana, el proceso de deshumanización es complejo, y salvo problemas psicológicos, necesita de un cierto período de tiempo para desarrollarse.

En este punto no hay que menospreciar los factores socioeconómicos. En el momento en que un joven ve que no tiene manera de prosperar económicamente, y que sus esperanzas de mejora al respecto no son superiores a las de sus generaciones precedentes, y añadiéndole el hecho de que desde el punto de vista social sea prácticamente un ciudadano de segunda, tenemos el perfecto caldo de cultivo para un sentimiento de rencor en contra de la sociedad occidental. Si a este sentimiento de fácil manipulación le añadimos diferentes ejemplos como son los guetos creados en ciertos países, las políticas para con los inmigrantes, los conflictos en Oriente Medio, etc., lo que obtenemos como resultado es un fanatismo capaz de las mayores atrocidades.

Teniendo todo esto en cuenta, deberíamos de empezar a plantearnos el hecho de que el actual problema del terrorismo se ha creado a lo largo de las varias décadas y que por tanto la solución al mismo no vendrá en unos pocos meses, o con métodos de rápida aplicación, como pueden ser los bombardeos. La solución vendrá por una labor de civismo entre las partes más radicales del Islam, lo cual en absoluto será sencillo, y menos si desde Occidente somos nosotros los que nos degradamos a otra forma de radicalismos.