Ya hace 80 años que estalló la Guerra Civil española (el año pasado recordábamos los 70 del final de la II Guerra Mundial) y no puede ser peor el balance de los años transcurridos, si los comparamos con la ejemplar conducta de muchos países que padecieron la contienda de 1939-45.

Se ha hablado en miles de libros cómo fue la guerra, sus dos bandos, sus consecuencias en ambos, la diferencia de visión de la misma, incluso hoy en día. Pero todos recordamos el apoyo que cada bando tenía de potencias extranjeras. Los nacionales tuvieron el apoyo de las entonces poderosas e invencibles Alemania e Italia, y los republicanos tuvieron al final que pedírselo a la URSS o a las Brigadas Internacionales.

Se habla de los miles de muertos y represaliados, primero los conservadores en la zona republicana.

Ello no fue sino el colofón de las tensiones habidas durante la II República, con enfrentamientos entre tradicionalistas y reformistas, entre Iglesia y Estado, entre clases altas y bajas. Algo que llevaba siglos ocurriendo, y que al final estalló.

Actualmente, todos sabemos que los nacionales encontraron a sus muertos, asesinados durante la guerra, por ejemplo los de Paracuellos del Jarama, y todos están enterrados en sitios donde sabemos que están, pero no los republicanos que fueron asesinados. Como los franquistas, algo que se vio durante su dictadura, no concebían que un cementerio fuera lugar para alguien no creyente, los republicanos fusilados fueron enterrados en cunetas y fosas comunes, sin la menor dignidad para con los muertos.

Y el PP sigue negando que el franquismo fuera una dictadura, algo con lo que choca incluso con la derecha moderada europea, que siempre miró a la España franquista como de segunda o cuarta categoría, con la que se podían hacer negocios, pero nunca quererla a la misma altura que ellos, como simples mayordomos o peones, pese a la presunta alta categoría que los franquistas se veían a sí mismos, como lo de la Reserva Espiritual de Occidente.

Con los años, la dictadura salida de la Guerra Civil era cada vez más anacrónica, y poco antes de morir el dictador, se vio que ni siquiera la Iglesia Católica estaba con ellos, al estar a punto el Papa Pablo VI de excomulgar al Gobierno franquista por sus condenas a muerte.

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Es más, cuando el turismo masivo empezó a venir a veranear al país, se veía a los españoles y españolas más encantados con la gente de fuera, mucho más civilizada y avanzada, que si hubieran podido, hubieran abandonado a los presuntamente decentes de aquí para irse con los de fuera. Por ejemplo, con las suecas y las francesas, que parecían las más liberadas.

Y no hablemos de los agravios que sufrieron las nacionalidades históricas, con Catalunya a la cabeza, viendo su lengua y su cultura perseguida y marginada. Se vio obligada a delegar en el Barça para representar a Catalunya en todo, algo que no comprendían desde Madrid, por descontado. Catalunya se rehízo a sí misma admirablemente, y pese a los intentos de la Meseta de convertirla en una sucursal suya, sigue adelante. País Vasco, Galicia y Valencia sufrieron lo mismo, aunque no supieron actuar igual.

En los demás países, es delito negar el Holocausto judío, una de las consecuencias de las dictaduras del Führer en Alemania y el Duce en Italia. Pero en España… no pueden hacer películas glorificando a Franco, pero desearían hacerlo.

#Historia antigua