Ayer saltó a la actualidad que uno de los miembros del partido ultraderechista Vox, Nacho Mínguez, Presidente de la formación en Madrid, fue detenido en Gibraltar por querer poner una gigantesca bandera española de 18 x 11 mts. en su cara Norte. Otro que iba con él, Javier Ortega, como si fuera una película de James Bond, escapó a nado hasta el otro lado de la Bahía, pero Mínguez fue detenido por la Royal Police gibraltareña.

El propio partido lo publicitó colgando en su web el vídeo de la delirante conquista, como si hubieran llegado a lo alto del Everest, con el eslogan “Vox reconquista Gibraltar. Ahora, a conquistar el Congreso”. Luego se llenó su página de Twitter de exigencias de que Mínguez fuera liberado de inmediato, amenazando apocalípticamente tanto a las autoridades gibraltareñas como las del Gobierno Rajoy, o su líder Santiago Abascal (el que sostiene que su ex partido, el PP, “es un partido de extrema izquierda”), diciendo cínicamente “Nuestro compañero detenido sin haber cometido delito alguno”. Ni caso le han hecho.

Hace pocos días, en este diario contábamos cómo quiso una militante de Vox arrestar simbólicamente al Presidente de Catalunya, Carles Puigdemont, con unas esposas y un ejemplar de la Constitución, que sólo recibió elogios de lo más casposo del país. No hablemos de que Vox ha presumido de ser “la cuarta fuerza en las encuestas” en una popular página web. ¿Cuál es? Forocoches. Menuda hazaña. Es como presumir de quedar segundo en una maratón siendo dos los únicos participantes.

Pues las Redes sociales, en vez de maravillarse con lo que pasó, han sido implacables con la presunta hazaña. “Ojalá las cámaras de seguridad hayan grabado todo lo de VOX en Gibraltar para poder verlo acelerado con la música de Benny Hill”, dice alguien en Twitter. Otro copia la foto de la bandera como si hubiera uno de los dos de Vox atrapado debajo, y grita desesperado: “¡Sacadme de aquí, cabrones!”

Otros dijeron: “VOX ha conseguido mas retweets por poner la bandera de España en Gibraltar, que votos el Domingo que viene en las elecciones generales”, “El detenido de VOX en Gibraltar ha declarado a las autoridades gibraltareñas que la bandera era para consumo propio”, “Los de VOX haciendo el mono en Gibraltar” (por ser el único lugar europeo con una colonia de simios autóctonos) o “Si Gibraltar vuelve a España, pues que Menorca vuelva al Reino Unido” (esto por que la isla balear fue británica hasta 1783).

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Además, unas horas antes, también corrió como pólvora por las Redes que el escritor Fernando Sánchez Dragó iba a apoyar al partido ultra y pidió el voto para él. Conociendo sus antecedentes sexuales (su relación sexual con dos japonesas de 13 años de edad y su coito en un restaurante delante de todo el mundo), que no casan nada con el ideario puritano del partido, no parece para nada un apoyo oportuno. Otra cosa es la habitual proclama de Vox de negar la violencia de género, echando exclusivamente la culpa a las mujeres de ello y presumiendo del apoyo de un famoso torero, al que su mujer abandonó aburrida de él.

En el momento de escribir estas líneas, Mínguez sigue detenido y sus acólitos siguen contando aquello como si fuera una película de James Bond. Vamos, que a ver quién la tiene más grande. A su lado, Torrente parece un personaje de Woody Allen, de los que siempre se quedaba solo al final de la película (su chica le dejaba por otro), y que caía en una enorme depresión.