Hace poco me acordé de una historia que me contó mi madre cuando yo era pequeña, si mal no recuerdo tendría yo unos ocho o nueve años. Lo hizo porque previamente le conté que cuando era yo aun más pequeña, una persona o a saber qué, solía cantarme nanas por la noche cuando todos estaban dormidos y mi hermana pequeña de menos de un año dormía plácidamente en su cuna a mi lado.

La verdad es que fue muy épico. Mi madre se quedó muda un rato cuando le dije aquello, como si no pudiera creérselo, de hecho, yo misma le dije que siempre pensé que había sido ella.

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Pero la voz sonaba desde dentro del cuarto y no desde fuera, y cuando cesaba la nana la puerta no se abría, nada salía de allí, pero tampoco se quedaba nada. Simplemente dejaba de sentir su presencia; desaparecía.

 

Cuando mi madre era pequeña vivía en una casa muy vieja junto a mis abuelos y mi tío (el resto nacerían más tarde en otra casa). Mi madre dormía sola en una habitación bastante siniestra, porque la casa era muy pero que muy vieja, y sólo había una ventana no demasiado grande por la que, además, se asomaba algo de luz por las noches. Al igual que a mí, y a una edad muy similar, una voz de mujer le cantaba por las noches, de hecho, no puedo evitar mirar a mi alrededor mientras escribo esto pese a que estoy a pleno día, pero la coincidencia es increíble. Ambas tenemos la sospecha de que se trata de su abuela, la madre de mi abuela, mi bisabuela vamos; quien murió bastante joven cuando mi abuela tenía cinco años, la misma edad en la que se nos apareció a mi madre y a mí.

Las apariciones fantasmales o presencias extrañas no son algo nuevo en mi familia, de hecho hay alguna que otra anécdota similar, no con nanas, pero si con apariciones de familiares muertos a otros miembros de la familia.

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Pero, ¿es cierto que los niños pueden percibir cosas que los adultos no?

Desde mi experiencia personal diría que sí, pese a que soy una persona bastante escéptica con todo lo paranormal (aunque me encante). Hay quienes dicen que esa clase de experiencias se dan en la infancia porque los niños tienen más imaginación y su cerebro está desarrollándose, pudiéndoles hacer "alucinar" o imaginarse cosas de forma muy real. Yo sólo se una cosa, y es que tanto mi madre como yo tenemos ese recuerdo grabado a fuego en nuestras respectivas memorias. ¿Coincidencia generacional? ¿Genética? Quien sabe... el caso es que siempre me he sentido protegida sin saber bien porqué.