Sucede que su padre fue un exitoso comerciante que le llevó, en su actitud metódica y visionaria, a conseguir una fortuna, misma que heredó a Schopenhauer tras su muerte. Esta situación, llevó al filósofo alemán, a estar en condiciones de dedicarse a la filosofía, en la última etapa de su vida. Esto es, gracias a que contó con una solvencia económica, pudo dedicarse a reflexionar y plasmar sus ideas en una serie de escritos y publicar una de sus tesis más impulsivas. Claro que llegó a ello después de concluir una búsqueda académica.

Para argumentar lo anteriormente escrito, tenemos que en el año de 1809, tras abandonar sus actividades centradas en el comercio, se asignó como tarea, entrar a la universidad para estudiar medicina en la ciudad de Gotinga.

Esta vocación temprana, fue mermándose con el paso del tiempo, hasta que llegó el momento de sentir que no encontraba ningún tipo de sentido el continuar con esos estudios. Le resultaba un área del conocimiento un tanto ajena a su naturaleza humana y sus inquietudes intelectuales de fondo.

Después de abandonar sus estudios de medicina, se trasladó a la ciudad de Berlín para estudiar filosofía. En esa etapa de su vida descubrió cuáles serían sus intereses intelectuales. Dichos estudios los complementó con algunos cursos de historia que consideró pertinentes para satisfacer sus necesidades cognoscitivas y dentro del estudio de la filosofía, su diseño metodológico. En esa etapa  de estudio académico, fue desarrollando lo que posteriormente sería su obra cumbre y una aportación clave en la bibliografía filosófica.

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En ese periodo de estudio realizó una tesis que denominó: “Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente”, que le permitió obtener el doctorado en la universidad de Jena. Con ello logró alcanzar un objetivo académico y sin embargo, consideraba que hacía falta profundizar en cuestiones vitales. Se ded9icó a ello en los siguientes años hasta encontrar la materia prima de su próxima narrativa filosófica.

Uno de los eventos biográficos que le permitieron encontrar las claves de su discurso narrativo, obedecen al regreso que realizó en Weimar, en donde tuvo la oportunidad de conocer al dramaturgo alemán Goethe. Con él, además de tener una intensa amistad, pudo, en sus diálogos continuos, tratar temas diversos que le permitieron ir depurando sus inquietudes filosóficas y argumentativas que serían su leitmovit para sus escritos.

Es inevitable (y estimulante), imaginar la naturaleza de las conversaciones entre ambos personajes: Schopenhauer y Goethe; y tratar de determinar la resultante de dicha dialéctica de ideas. En un primer acercamiento, se intuye que Schopenhauer encontró en ello elementos clave para enriquecer su lenguaje para escribir cierto tipo de filosofía. #Libros #Filosofia