En muchas cosas, Gran Bretaña, o antes Inglaterra, nunca aceptó ser segunda en nada. Acostumbrada a su Imperio, el cual ahora se mantiene, pero como algo de otros tiempos, con la Commonwealth, una especie de Mercado Común de las ex colonias británicas, nunca se acostumbró a entrar en la #Unión Europea, donde Francia y Alemania son los que mandan (o “Napoleón y Hitler”, como demagógicamente quería el inefable Boris Johnson calificar, generalizando, a los europeos).

Igual que no quiso jugar en un Mundial de fútbol hasta 1950, 20 años después del primero, casi otros 20 años tardó en entrar en la UE. Los Primeros Ministros británicos conservadores, hasta Winston Churchill, sólo pensaban en clave de Imperio Británico cuando pensaban en las relaciones exteriores de su país.

Es decir, el país más desarrollado del mundo y de todos los tiempos frente a civilizaciones atrasadas miles de años, y no exageramos.

Los Primeros Ministros laboristas han sabido ver a Europa sin ese aire de superioridad ya comentado. Los conservadores, todo lo contrario, sobre todo Margaret Thatcher, obsesionada en ridiculizar a Europa todo lo que pudiera, sobre todo a Francia, a la que siempre aludía como si fuera pueblerinos con una ridícula boina en la cabeza. Sólo querían seguir en la UE como algo no deseado, pero que necesitaban. O aún más: como esos telepredicadores que creen que todos son pecadores menos ellos mismos, creían que llevarían a la UE “por el buen camino”, diferente al que llevaba, o que la “civilizarían”, volviendo a lo de antes, del inglés civilizado frente al hindú bárbaro que hacía sacrificios humanos a sus dioses.

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Pero se encontraron con que Francia y Alemania son los que mandan en la UE, y Gran Bretaña nunca consiguió imponer su criterio por encima de todos los demás. Algo que, con la crisis, el terrorismo islamista y la inmigración, poco a poco despertó ese euroescepticismo, en realidad eurofobia, entre los conservadores británicos, hasta llegar a lo de este jueves. Nunca se sintieron a gusto, son como lo que decía un horóscopo sobre los nacidos bajo el signo de Leo:  “En el trabajo, dirigirán y ordenarán, pero jamás aceptarán una posición subalterna”.

Lo más terrible de la nueva situación es que el ultraderechista Nigel Farage, uno de los más furiosos eurófobos junto con Boris Johnson, posible candidato a suceder a David Cameron, ya políticamente muerto, confiesa ahora que una de las promesas que hacía a los británicos si triunfaba el Brexit, la de que 350 millones de libras quedarían libres semanalmente para Sanidad y Educación, era un error. Y lo peor es que se atreve a confesarlo, como creyéndose que “como ya les tengo en el bote, comerán cualquier cosa que yo quiera darles, aunque sea una porquería”, conociendo el ego de este tipo de demagogos populistas.

Claro que Johnson tampoco se queda atrás: ahora dice que la salida de la UE se hará despacio, sin prisas, y que espera firmar, como si ya fuera Primer Ministro, un gran acuerdo comercial con Europa. Se cree que no pueden vivir sin ellos y que vendrán a comer de su mano, como lo de Farage, aunque les dé cianuro. Los países fundadores de la UE dicen, lógicamente, que si se quiere ir, que se vaya, pero ya. Europa no seguirá manteniendo a gorrones desagradecidos como Gran Bretaña.

Eso sí, sé que la UE ha hecho méritos para este desastre, por su prepotencia, pero curiosamente, los populistas que quieren irse, bien que van al Parlamento Europeo a defender sus visiones, lugar que Farage perderá. #Referéndum