El terrible fin de semana en Orlando (Florida) con la masacre de 49 homosexuales por un fanático islamista ha conseguido algo que hace 71 años pasó después de conocerse el Holocausto: la raza judía dejaba de ser estigmatizada para verlos por fin como seres humanos.

Y esta misma tarde, después de terminar el España-Chequia de la Eurocopa, otra paradoja que hizo que alguien que también había sido demonizado e insultado, el defensa del Barça Gerard Piqué, pase a ser aplaudido por los fanáticos seguidores de España que querían verle fuera de la Selección para poner en su lugar a otro de su gusto, y si era del Real Madrid mejor, por que salvó a España del fiasco en los últimos minutos marcando un gol.

En lo de Orlando, resulta tremendo oír a homófobos declarados como Vladimir Putin condenando la matanza, cuando él mismo tiene a muchos compatriotas gays en la cárcel, apoyando que sean agredidos por rusos presuntamente muy hombres (como el que denigró a unas prostitutas, algo que ya se contó en este diario) o que más del 70 % de los rusos les sigan viendo como enfermos mentales. Les Guignols de l’Info, siempre muy agudos, le sacan con una cárcel detrás de él, diciendo: “En Rusia hemos puesto a los homosexuales en un lugar seguro”.

Es decir, quienes defienden fanáticamente el Matrimonio tradicional, algo ya anticuado, cuando se ha visto que cualquier Matrimonio es válido, que quienes fallan como maridos o mujeres da lo mismo su orientación sexual, ahora para quedar bien tienen que defender a los homosexuales que Estado Islámico mata con métodos típicamente nazis, o que dicen horrorizarse cuando ven La lista de Schindler y ven cómo aquel nazi practicaba el tiro al blanco con judíos.

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Se les ha querido obligar a casarse con mujeres, o a las lesbianas con hombres, incluso por la fuerza, pero si eso no funciona, no funciona. Hay miles de Matrimonios con uno de los dos gay o lesbiana, que decidieron abandonar a su cónyuge y a sus hijos para irse con su verdadero amor, no aguantaban más aquella farsa.

El caso de Gerard Piqué es radicalmente distinto, simplemente una muestra de la rivalidad entre los grandes equipos de la Liga española. Él ha dicho lo que piensa, sin hacer la pelota a los medios madrileños jamás, sintiendo que Catalunya necesita un futuro distinto al que España le ofrece.

Y si no llega a ser por su gol, hoy hablarían de que España no se comerá una mierda en esta Eurocopa. Igual que en el Mundial de Sudáfrica, donde todos los goles españoles fueron de jugadores del Barça: Puyol, Villa, Iniesta… Sobre todo Don Andrés, que diría el maestro Joaquim Maria Puyal, que si no llega a ser por él, España hubiera tenido que depender de la lotería de los penaltis para ganarlo o perderlo.

Después de acabado el partido, esta relación de odio metamorfoseado en amor repentino se veía en Twitter, con Piqué como Trending Topic, pero por primera vez en el buen sentido.

“¿Todavía quieren abuchear a Piqué? Catalunya todavía salva a España”, decía en francés alguien en Twitter que miraba aquello con una cierta neutralidad. Otros decían, escogidos al azar: “Los españoles nacionalistas no celebran el gol, ya que Piqué es catalán y esto les jode mucho, lo vi en la Castellana”, “El Tribunal Constitucional se plantea seriamente suspender el gol de Piqué” o “A ver si aprenden [los medios] a no confundir la Selección con el Real Madrid”. Incluso el inefable Tomás Roncero, siempre payaso en el peor sentido, haga lo que haga, ha tenido que alegrarse por él.