Considero imperativo señalar en el inicio de este artículo, que no pretendo ir construyendo una guía o manual que busque articular una secuencia o un campo de acción que nos permita elaborar un escrito que obedezca a necesidades filosóficas o de creación literaria. En realidad, lo único que busco en ello, es poner las pautas necesarias que todo filósofo y escritor debe reconocer que existen desde tiempos pasados, en el imaginario colectivo. Una vez advertidos sobre la intención del texto, se debe tener en cuenta que la propuesta se basa en el objetivo de volver la mirada hacia aquello que ha alimentado nuestra necesidad reflexiva y ficcional: la mitología.

Todo aquel que se ha acercado al quehacer filosófico, sabe que, más que el antecedente; existe un preámbulo, una evolución cosmogónica de acercarse a la realidad que le circundaba y explicó a través, precisamente, de la mitología. Vemos en ella una capacidad explicativa del entorno que va más allá de la mera descripción de la misma, sino de darle una significación a los eventos, objetos y circunstancias que le planteaban al que reflexionaba. Por ello encontramos una riqueza filosófica y literaria, por ejemplo, en la mitología griega, en donde encontramos el elemento o factor clave que justifica nuestra existencia: el héroe.

Es a raíz del héroe, con sus inevitables batallas: que representan cualquier matiz o forma de lucha: interna y externa; que en el devenir existencial tendrá el ser humano que sortear.

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Es por tal razón que el mismo, en su propio entendimiento e interpretación colectiva, emprenderá una diversidad de viajes que representan la propia vida. Reconocerá consciente o inconscientemente, que en una transición o viaje, tendrá que tomar decisiones impulsivas  o meditadas que se reflejarán precisamente en esas batallas. El héroe se irá enriqueciendo y el que escribe: filósofo o escritor; tendrá una materia prima que podrá explotar para encontrar diversas formas de expresión para enriquecer la forma del texto, evitando caer en una mera fórmula.

En lo que respecta a la escritura, como acto reflexivo o creativo, el viaje que emprende el héroe (no se confunda, no hablamos del escritor, sino de la lectura resultante del texto), lo enfrentará a una serie de batallas.  La más evidente y desgastante es la lucha contra el uso de la formulación del uso de un lenguaje estándar, lleno de muletillas discursivas, de fácil predisposición argumentativa y anticipación de los hechos o escenarios que se plantean en el texto.

Es la limitación que se puede encontrar en el hipertexto mismo dándole al proceso creativo un vacío inerte a la oralidad del ser pensante y escribiente que plasma sus ideas y conclusiones en dicho texto.

Una segunda batalla a la que se enfrentaría es a la incipiente globalización cultural que en el mercado internacional se está distribuyendo, afectando inevitablemente, ciertos estereotipos y paradigmas culturales de carácter regional. Entiéndase que no hablo de nacionalismos sino de manifestaciones culturales propias  de ciertos sectores poblacionales que manifiestan su propia idiosincrasia. Un acercamiento a la filosofía debe atender una problemática, no desde una perspectiva globalizadora sino universal. De la misma forma se debe de tratar el recurso ficcional. El lenguaje debe de ir más allá de una posible significación de los conceptos o elementos imaginativos. El héroe, en tal circunstancia, debe enarbolar un espíritu más fraternal en su lucha y no asumiendo un semblante destructor de normas y paradigmas. El héroe debe de evolucionar de manera espiral.        #Filosofia