El partido de extrema derecha llamado Vox, un nombre copiado a un famoso diccionario, por cierto, ha tenido, por parte de una militante suya, un numerito que si lo hubiera llevado a cabo una militante de las Femen, expertas como nadie en hacer apariciones que no se olvidan, este partido exigiría la prisión incondicional de ellas, o serían ellos mismos quienes las harían justicia, al estilo Charles Bronson, si pudieran, claro.

Rocío Monasterio, que así se llama la militante, que fue como número 2 del partido al Ayuntamiento de Madrid, se personó en donde estaba de invitado el Presidente catalán Carles Puigdemont y después de gritar como una histérica “¡Sin Ley, no hay Democracia!”, le entregó unos extraños obsequios: unas esposas y un ejemplar del Código Penal. El President no se inmutó, simplemente se sorprendió desagradablemente, como todas las personas, civilizadas como él, que vinieron al acto.

La caverna mediática justifica dicho acto como si Monasterio fuera la mismísima Juana de Arco, la santa francesa que liberó a Francia de los ingleses en la Edad Media, murió condenada en la hoguera y ante la cual siente devoción casi mística el Frente Nacional de los Le Pen.

Pues este partido, Vox, se ha lucido, y en el peor sentido. Su actitud ha sido de mala educación, de fanatismo, incluso diría que se les puede comparar con aquellos fanáticos musulmanes que pedían la guerra santa contra Occidente por las caricaturas de Mahoma. Y eso que no se inmolan ni hacen lo de Charlie Hebdo o de Bataclan, ya que su Religión se lo prohíbe.

Ya contamos en este diario hace meses cómo Vox niega fanáticamente la violencia contra la Mujer, y en noviembre reventaron una manifestación feminista amenazando a las mujeres que leían un comunicado de condena a los asesinatos de mujeres, llamándolas “Feminazis”, y montaron un ridículo numerito de lanzar a mujeres chinas como una contramanifestación, con las pancartas “La violencia no tiene género”. Hubieran sido más creíbles si pusieran “Yo también soy sumisa” y fueran vestidas como en el oficio más antiguo del mundo.

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Las reacciones en Twitter a lo de hoy fueron de apoyo, llamando “subnormal” más de una vez al President catalán, o que “Vox dice lo que el Estado increíblemente calla”, y otras de burla a Rocío Monasterio, como “Trajo unas esposas por que no encontró en los chinos un garrote vil” o “¿Esas esposas no las utiliza cuando está por la noche con su marido en tal sitio? ¿Ya se ha cansado de él?”. Otro dijo, indignado, que “por decencia, si hoy fuera el Dos de Mayo, me ponía al lado de Napoleón”, frase que tiene carga de profundidad contra Vox, que tiene esa fecha de la Guerra de la Independencia como si de su santuario se tratara, y para decir bien claro que Vox es un partido más propio de una dictadura como la de Vladimir Putin en Rusia, y que, comparados con ellos, Napoleón era mucho más de fiar.

Igual que con los ataques vandálicos de otros ultras a la Librería Blanquerna, sólo consiguen unir a Catalunya en su idea de buscarse la vida por su cuenta. No se consigue seducir a Catalunya con estas amenazas de la Mafia siciliana, sino con métodos civilizados, algo que desconoce un partido que seguramente, si pudiera, condenaría a la cárcel a Gustave Flaubert por haber escrito Madame Bovary, novela que según ellos ataca el Matrimonio y la Familia, o también desprecia que Elsa, la protagonista de Frozen, pueda tener una novia, algo que desea la mayoría de la Humanidad.