Después de haber esperado unos cuantos meses a que los principales partidos políticos se decidieran a formar gobierno, se abstuvieran o simplemente mantuvieran la boquita cerrada, que están más guapos, lo que nos hemos encontrado en su lugar ha sido toda una parafernalia sin sentido que lo único que ha hecho ha sido poner de mal humor a más de uno/a.

He de reconocer que de forma general no me han gustado las actitudes de ninguno de los cuatro principales partidos políticos, es decir, #PP, PSOE, #Podemos y #Ciudadanos. En resumen, lo único que se ha visto en los medios de comunicación han sido toda una serie de actos, discursos y comentarios que buscaban decir lo "malvados" que son los rivales y "lo maravillosos que somos nosotros" en comparación.

El rollo de siempre, vamos, en donde el respeto y el compañerismo carecen por completo de significado alguno.

La actitud del PP ha sido cerrar la cortina para evitar que entrara más luz que pudiera matar a la cantidad de vampiros que viven de chupar la sangre al pueblo, y con esto me refiero sobre todo a la infinidad de casos de corrupción en los que miembros del PP están metidos hasta las orejas. En este sentido les venía bien no intentar formar gobierno para no tener que sufrir el rechazo de "todos" por no querer juntarse con un partido que tiene más agujeros que un queso gruyer. Pese a ello, y siendo el partido con más votos, lo único que podían hacer era criticar al PSOE por no unirse a ellos y esperar a que todo se calmara un poco hasta que cedieran pactar con ellos.

Por su parte, el PSOE se encontraba recuperándose de un duro golpe bajo, la pérdida de votos de la izquierda más de izquierdas que ya no ve al PSOE como un partido que pueda considerarse "Socialista y obrero".

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De hecho, a los que piensan así razones no les faltan, porque durante toda la campaña Pedro Sánchez se limitó a poner a caldo a la derecha,  para acabar pactando con Ciudadanos por no atreverse a pactar con las condiciones exigidas por Podemos y porque, supuestamente, Ciudadanos no es de derechas si no de centro. Sea lo que fuere, el caso es que aquí el PSOE cometió un error, porque las pocas personas que aún confiaban en el poco espíritu socialista que les quedaba, ahora aplastado bajo trajes caros, ya no se creen una sola palabra de sus políticos, o mejor dicho, títeres de las viejas glorias que mandan bastante más de lo que aparentan.

Ciudadanos ha tenido que aguantarse la rabia por no haber quedado tan bien como algunas encuestas decían por ahí, y es que se creía que iban a quedar por encima de Podemos y más bien ha sido lo contrario. Se han tenido que conformar con cuarenta diputados con lo que arrimarse a la mejor opción para sus ambiciones, que no son otras que retomar una vieja derecha camuflada por una mayor flexibilidad ética, una imagen de jóvenes ejecutivos (pijos del siglo XXI) y menos corrupción.

Eso sí, con Podemos no, aunque tampoco han querido mojarse demasiado dando un no tajante como respuesta, ese nunca ha sido su estilo, ellos se mueven por las turbias aguas de la ambigüedad política que tanto miedo puede dar al no ver bien el fondo. 

En cuanto a Podemos, me da la sensación de que no han estado a la altura de las circunstancias y que, pese a tener más obstáculos y mayor presión mediática, no ha sabido aprovechar su imagen  de partido esperanzador y tolerante, para mostrar una faceta que hasta ahora nos era más bien desconocida, me refiero a una chulería propia de adolescentes que se revelan contra sus padres sin tantear si eso les convenía o no, porque la sensación que se nos ha quedado a muchos en el cuerpo es de un partido personalista, prepotente e incluso, demasiado radical.