Escribir sobre perros, escribir sobre gatos, escribir sobre cualquier animal. A veces las mascotas llenan esos huecos que llevamos dentro y es que es difícil aceptar que ciertos Animales no sepan de sentimientos.

Hace algunos meses hubo un video que se hizo viral, el video mostraba a un perro llorando sobre la tumba de su dueño. Lloraba, literalmente lloraba, como una mujer que acaba de enterrar a su marido, como un hijo que le dice adiós por última vez a su padre. Pero ¿qué puede sentir un perro ante una muerte? Allí entra la discusión sobre si sienten de verdad o qué sucede. Sabemos que los animales no piensan lo que nosotros somos capaces de pensar, y se supone que tampoco pueden sentir lo que nosotros podemos sentir porque los sentimientos no nacen en el corazón sino en el cerebro.

Entonces ¿cómo es posible que los animales muestren signos de amor hacia nosotros cuando no son seres pensantes como nosotros?

Hay preguntas a las que probablemente no les hallemos una respuesta. Lo que si hacemos es amar a esas criaturas que a pesar de cualquier cosa, siempre están detrás de la puerta esperando a que nosotros lleguemos a casa para saludarnos y darnos todo el cariño y atención que son capaces de dar.

He visto dos libros que siguen en mi lista de espera. Uno llamada La perrina y yo, otro llamado Gatos de Bukowski. Estos Libros seguramente no son los únicos que le dedican muchas hojas de letras a sus mascotas, seguramente habrá más y seguramente se seguirán escribiendo muchos más libros o textos que hablen de estas criaturas leales y que, aunque, no sepan de sentimientos, ni decir palabras que a veces necesitamos escuchar, son capaces de transmitirnos un cariño incomparable con otro y que nunca se agota, por mal que los tratemos o por poco que sea el cariño que les demostramos, ellos son incapaces de juzgarnos como nosotros si somos capaces de juzgar.

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Quizá allí resida la diferencia. En que los animales tan solo son capaces de ver el bien siempre, porque entre los animales no existe la maldad, tan solo la supervivencia.