El avance de determinadas concepciones utilitaristas, hedonistas e instrumentalistas en el tuétano de la sociedad española alejadas de nuestra tradición de pensamiento católico-tomista y realista de raíz aristotélica  han derivado en una visión del hombre como una entidad naturalizada sin dignidad, instrumentalizable por el otro a voluntad y sin conciencia moral o responsabilidad personal.

La sociedad española y, por extensión, la Nación se encuentra en una situación de postración, deserción de sus responsabilidades, corrupción y envilecimiento que nos lleva más allá de la política y los partidos (con su corrupción y desnaturalización de la vida pública) a preguntarnos qué nos ha llevado a esta situción de calamidad moral y de debilidad del nervio espiritual de nuestra amada Nación.

Los factores son múltiples, aunque yo destacaría fundamentalamente el político y cultural.

Cómo la izquierda (y parte de la derecha ) ha asumido, un modelo de hombre basado en las doctrinas materialistas y hedonistas más salvajes que, como sabemos, llevan a la destrucción del cuerpo social y del individuo en última instancia, en el que lo que primaba era el interés crematístico por encima de todo y un egoísmo radical fundamentado en la satisfacción sin límites de los propios placeres, intereses o caprichos de forma absoluta y utilizando todos los medios posibles incluido la utlización del prójimo, es decir, de la persona como un objeto más totalmente disponible a nuestra voluntad sin respetar su esencia y dignidad y sin tener en cuenta que la persona y su dignidad son inviolables y la vida sagrada.

Hay que destacar que las políticas educativas de los sucesivos gobiernos socialistas han negado la fundamental importancia del esfuerzo, el trabajo duro y el mérito como valores esenciales, alrededor de los cuales organizar un sistema educativo que, además, forme y oriente espiritualmente a los discentes en los valores del humanismo clásico y en el caso de los creyentes católicos en los valores y enseñanzas del Evangelio para conseguir formar auténticos ciudadanos libres, responsables, cívicos, y con la suficiente fortaleza espiritual para convertir a España en un país a la vanguardia del desarrollo humano y bienestar social.

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