Me propongo reflexionar sobre las implicaciones de la política sobre la cultura y la sociedad. Para ello me serviré de los paralelismos entre la confluencia de España y Alemania en el siglo XX y cómo sus proyectos culturales y sociedades evolucionaron hasta llegar a ser lo que son hoy.

Después de la Primera Guerra Mundial, en la que España no participó, Alemania es derrotada y se le imponen las draconianas condiciones del Tratado de Versalles. Esto genera un malestar y una rabia en el pueblo alemán que, juntamente con la hiperinflación y miseria económica de la República de Weimar, conducen a Adolf Hitler al poder y a la hegemonía política del Partido Nacionalsocialista en 1933.

Finalmente cuando en Septiembre de 1939 Alemania viola la frontera con Polonia e invade el país vecino y empieza la Segunda Guerra Mundial, esto significa el principio del fin de la propuesta civilizatoria germana, cuya consumación que queda refrendada después del Holocausto y el aplastamiento de la Alemania nazi por los aliados en 1945.

Toda la cultura alemana, en especial el pensamiento, rompe los lazos patriótico-orgánicos con el Volk y a partir de entonces la alta cultura queda aislada en el grupo de sus pensadores más eminentes pero lejos de la conexión cósmica y natural con el pueblo.

¿Cómo llegó Alemania a esta situación? La realidad es sumamente compleja pero podemos aventurar por una parte la influencia de Hegel y su Estado total y orgánico-corporativo además de las ideas de Fichte de la superioridad de la lengua y la cultura alemanas, del miedo a un marxismo creciente que quería aplastar a la socialdemocracia alemana del SPD y quería convertirse en hegemónico y revolucionario (ver la Crítica al programa de Gotha de Karl Marx), juntamente con el poso romántico-medieval de los mitos germanos que tan bien articuló Richard Wagner a través de sus óperas y la filosofía tergiversada y malinterpretada de Friedrich Nietzsche para justificar las teorías racistas, supremacistas y expansionistas de la Alemania nazi y su justificación del Reich alemán, además de la tradición mística alemana y su cristianismo protestante riguroso y no compasivo, además de algunas influencias del calvinismo y la predestinación que vehicularon la idea de ser el pueblo elegido.

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Este caldo de cultivo convirtió en inevitable la deriva de Alemania hacia su propia aniquilación espiritual.

Mientras en España tras la Dictadura de Primo de RIvera llega en Abril de 1931, después de unas elecciones municipales, el advenimiento de la Segunda República Española, en la que las posiciones se enconan radicalmente y dan lugar a la Guerra CIvil.

El General Franco sale victorioso, y pese a la insistencia de Alemania, en un gesto de suma habilidad política no entra en la Segunda Guerra Mundial y salva a España de la catástrofe gracias fundamentalmente a una inteligente acción de la diplomacia española. Franco, en parte gracias a su catolicismo, y por extensión el de España, con su visión misericordiosa, no puede aceptar la deshumanización de la barbarie nazi y, tras un periodo de represión dura de los perdedores de la Guerra Civil y de autarquía, poco a poco empieza a abrirse al mundo, dos hitos de esta apertura son el ingreso en la ONU y la colaboración militar con los EE.UU.

Poco a poco España renace.