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España se despierta por primera vez en su corta vida democrática, con la necesidad de volver a convocar Elecciones apenas 4 meses después de las últimas. Este hecho insólito es resultado directo del proceso de subasta indiscriminada del provenir del país, por parte de las formaciones políticas que han intentado formar Gobierno. Lo más alarmante no es el hecho de que hayan ofertado el poder a diestro y siniestro con tal de obtener sus despachos ministeriales, sino lo es el hecho de que no han llegado a nada.

Hemos vivido indolentes la perversión de la democracia en España, en donde la mayoría se ha visto ahogada y demonizada por minorías que tienen el único objetivo de reemplazarla en el poder bajo la legitimación de la ideología.

La historia sirve para tratar de esclarecer el futuro y siempre debe ser tenida en mente tanto en política como en la vida en general.

Echando la mirada atrás vemos que siempre que hay incertidumbre, miedo y escasez las ideologías más radicales son las que han salido adelante con apoyo mayoritario. En los periodos grises de cualquier sociedad, como la que vivimos actualmente, es cuando una ideología gana adeptos, pues simplifica el análisis de cualquier tema y suple la necesidad de autocrítica de los ciudadanos. Este sentimiento de pertenencia a un credo determinado es tan fuerte, que suele llevar intrínsecamente la eliminación de la lógica del individuo.

La radicalización del discurso, la identificación de enemigos tanto internos como externos y sobre todo, las promesas de mejoría inmediata han sido y, por lo que parece, volverán a ser protagonistas el próximo Junio. Esto, unido a la desgana generalizada que provoca la política, son los ingredientes perfectos para que las ideologías más extremistas resurjan con fuerza alienando al votante hacia un color determinado, obligándolo a escoger 'bando' en lugar de decidir razonadamente.

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Esto no es algo típico español : en Francia los jóvenes de 18 a 25 años respaldan a Marine Le Pen, en EEUU Donald Trump gana enteros como candidato, etc.

La única conclusión que se puede extraer es que, de nuevo, como la historia nos recuerda, las ideologías ganan a la lógica.

Todos los expertos predicen que el resultado de las próximas elecciones es incierto, pero que los partidos más favorecidos serán los que hayan mostrado una actitud firme como Podemos y PP frente a los partidos que hayan sido incoherentes con sus ideologías primigenias como C's y PSOE. Esto denota que la sociedad castiga al que ha sido infiel a su ideología, en lugar de decidir, de manera lógica, la mejor opción política para sus propios intereses independientemente del color que vistan.

Todo apunta a que volveremos a ver cómo el simple hecho de ser de un lado u otro prevalece sobre la lógica.