Merece un brindis. O dos. No con botellines, como escenificaban Iglesias y Garzón sino con vino del bueno. La ocasión lo merece y es que todo lo que está a la izquierda del PSOE concurrirá unida a las elecciones del 26 de junio.

Izquierda Unida ha hecho honor a su nombre dejando en el camino toda seña de identidad y cediendo muy generosamente el paso a aquellos que alzaron la voz cuando parecía que nadie los escuchaba, a aquellos a quienes todos dijimos que si querían cambiar las cosas, lo hicieran por la vía habitual y, sobre todo, a aquellos que lo hicieron. A quienes alzaron la voz de la izquierda y los escucharon. A quienes les dijeron que si querían tener voto, se constituyeran como partido político y lo hicieron.

A aquellos que como partido de izquierdas por primera vez en la historia de la democracia en España ya pisan los talones al PSOE. Un PSOE desorientado, perdido y, si me apuran, casi descabezado.

Ha tenido que ser un Alberto Garzón salido del mismo movimiento que los líderes de Podemos el que haya dado el paso. No así la señora del ‘No. Punto. No vamos a entrar en Podemos. Punto’  que hasta hace dos días se sentaba en un escaño de Podemos, dicho sea de paso.

El acuerdo entre ambos partidos ha sido rápido, in extremis, y ha despertado opiniones de todo tipo. Históricos de la formación que aunó a la izquierda en España como Julio Anguita o Gaspar Llamazares difieren en sus opiniones. Mientras el primero defiende la confluencia el segundo no lo tiene tan claro.

Hasta hoy IU perdía escaños y se dejaba miles de votos en la basura gracias a una ley electoral que deja mucho que desear.

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Hoy, tras las elecciones ‘fallidas’ del 20 de diciembre, IU dejará en esa basura su programa, su dignidad y su historia para, a cambio, ganar votos útiles, asientos, voz y voto. Es cuestión de prioridades.

A IU le ha valido más el eco de 85 diputados (fruto de la extrapolación de votos del 20-D si Podemos, las confluencias e IU hubieran concurrido juntos), el eco de representar a la que llaman ‘verdadera izquierda’, el ego de formar parte de la historia que han hecho los señores de Podemos aunque todos esos ‘nuevos líderes’ tengan que entrar antes que tú en el hemiciclo y, no nos llevemos a engaño, la ilusión de verse, por primera vez, al menos, como líderes de la oposición, protagonistas del ‘sorpasso’ al PSOE y quién sabe si en La Moncloa o, al menos, en el Consejo de Ministros. Las ideas, la dignidad y la historia las dejamos para otro momento. Ahora, Brindemos