España se acerca peligrosamente a parecerse a la gran novela "La historia interminable". Gran relato literario en el que dos mundos paralelos, el real y el mágico, llegan prácticamente a solaparse. España parece inmersa y decidida a seguir un proceso de autoengaño en el que todos los españoles saldremos beneficiados de una crisis histórica, con trabajo fijo y sueldazo asegurado, en la que los servicios públicos se pagan solos y donde los delincuentes y corruptos pagarán sus ofensas y se rehabilitarán por la gracia divina. No Podemos vivir más lejos de la realidad.

Es duro pensar que en España el que tenga los arrestos para decir la cruda verdad y proponga equidad, sin prometer nada, nunca gobernará.

Los partidos políticos se saben muy bien esta regla de oro, por lo que algunos omiten decir lo negativo, mientras que otros no hacen más que prometer sin medida al más puro estilo mercadillo de barrio.

Este hecho, contrastado a lo largo de nuestros únicos casi 40 años consecutivos de democracia, debería hacernos reflexionar no sólo acerca de nuestra "fauna" política, la cual se ha limitado a aprender de lo que nosotros, los ciudadanos, les hemos dado de mamar. Debería encauzarnos a una reflexión más profunda que nos lleve a analizar la propia concepción que tenemos los ciudadanos de lo que un Gobierno representa.

Hemos crecido con la idea de que la Democracia es la tierra prometida en la que todo son derechos y las obligaciones son de los políticos.

Quizás el verdadero cambio lo debemos hacer todos juntos como sociedad y no sólo la culpable "casta" política (políticos que también son ciudadanos, no nacieron funcionarios). Este esfuerzo de autocrítica nos conducirá, por fin, a dejar de compararnos siempre con los países ricos de nuestro entorno para, de una vez liderar dicho grupo de países ricos y pudientes.

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El primer escalón pasa por dejar de ser egocéntricos a nivel provincial, histórico o incluso gremial, y pensar de verdad en qué es lo mejor para el país ahora. Pasa por votar de manera concienzuda analizando de verdad el expediente de cada partido (su historial, sus integrantes y sus avales) al igual que hacemos cuando nos compramos un coche o un móvil porque nos cuesta dinero. El voto es el precio que pagamos. Pero sobre todo pasa por ser realistas y aceptar la situación que nos toca vivir.

Como dijo Calderón de la Barca "La vida es sueño, y los sueños, sueños son", no dejemos que la irracionalidad ni los sentimientos nos guíen, que nos mueva la razón.