Pasó dos veces. A mitad de la noche, mientras yo me hundía en el calor de las sabanas, escuché que alguien abrió una ventana. Después, un hombre decía cosas que al principio no entendí. Como hacemos al querer escuchar una canción en un bar con mucha gente, intenté escuchar lo que decía hasta que entendí: «Hijos de puta, todos sois unos hijos de puta» decía la voz grave del hombre. Mantenía un discurso consigo mismo que no pude entender, luego volvía a gritar hacia la nada. «Sí, todos vosotros».

Con las sabanas a media cara, me quedé pensado en las palabras del hombre. ¿Me hablaba también a mí? o ¿a quién le hablaba? Después de su discurso cerró la ventana y no escuché ningún otro ruido, tan solo el ascensor que se escuchaba a lo lejos cuando alguien subía o bajaba.

Dos veces sucedió.

Ahora cuando pienso en los gritos del hombre, me digo que pude ser yo también, que pudo ser cualquiera, que a veces no hace falta que ocurra algo tan grande para llevarnos al límite de gritar contra todo el que escuche nuestros gritos.

Una mañana escuché que algunos vecino se quejaban fuera del edificio. Yo había olvidado al hombre, tampoco quise inmiscuirme porque ¿qué pasaría si hubiese sido yo, si por unos minutos hubiese perdido el control y hubiera actuado sin pensarlo, dejando salir toda la fuerza que salían en las palabras de aquel hombre? No dije nada. No porque no pudiera, sino porque ¿qué podía decir si aquel hombre no había atentado contra mí?, tan solo me había hecho pensar unos minutos más antes de volver a dormir. ¿Me hablaba también a mí?

A veces escucho que una pareja de vecinos pelean, después escucho como la cama se mueve, como caminan rápido hasta llegar a la puerta, otras noches escucho la televisión de alguien con el volumen muy alto o cómo alguien habla con un niño que pregunta por qué tiene comer si no tiene hambre.

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No he vuelto a escuchar al hombre que nos llamaba a todos «hijos de puta».

No sé si el hombre ha muerto o si sigue vivo, sé que me gustaría volver a escucharlo alguna madrugada y preguntarme de nuevo ¿a quién le habla? ¿Qué conforma un vosotros? #Arte #Libertad #Crónica Madrid