Sólo la perspectiva histórica nos dará la suficiente distancia para darnos cuenta del tremendo peligro que ha acechado a nuestra querida Nación desde el 20 de Diciembre de 2015, fecha de las últimas elecciones generales celebradas  hasta el 3 de Mayo de 2016 fecha en que Felipe VI, Rey de España y Jefe del Estado, firma el decreto de disolución de las cámaras legislativas y la convocatoria de Elecciones Generales para el 26 de Junio de 2016.

Debido a la posibilidad real de que el PSOE con noventa escaños y el peor resultado electoral de su historia reciente pactase con la izquierda neocomunista-populista y con las fuerzas separatistas de Cataluña y las Vascongadas.

Esta hipotética entente hubiera liquidado la existencia de España como Nación al conceder el gobierno que naciera de dicho pacto un referéndum de independencia anticonstitucional y por extensión ilegal al gobierno separatista de la Generalidad que hubiera atentado claramente contra las bases de convivencia que emanan de la Constitución Española de 1978 y contra la unidad de España ( cuyo garante hay que recordar es el Ejército español ).

Pero el peligro además vendría del frente social no sólo del político. La izquierda neocomunista y populista hubiera exigido un aumento del gasto público de varias decenas de miles de millones de euros con el consiguiente aumento del déficit, además de aumentar el impuesto de la renta a las clases medias trabajadores y a los profesionales liberales, hubieran aumentado el impuesto de sociedades y las cotizaciones sociales a las empresas y autónomos con lo que al final muchos negocios se tornarían inviables y ello conllevaría un frenazo económico y un aumento desbocado del desempleo y el gasto en prestaciones por paro.

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Aumentaría rápidamente la pobreza, se frenaría el consumo y la inestabilidad  y conflictividad social desembocaría en movilizaciones sociales, huelgas y manifestaciones que serían el caldo de cultivo de la violencia de los grupúsculos antisitema, anarquistas y libertarios que camparían a sus anchas.

A todo esto hay que sumar el odio a la religión y a los católicos que esta izquierda extrema, que estaría apoyando el gobierno socialista, desplegaría con ataques, coacciones y violencia de todo tipo, buscando incluso la suspensión de los acuerdos con la Santa Sede. Además cuando a este gobierno se le intentase pedir que rindiera cuentas del desorden, miseria y desgobierno acabaría liquidando la libertad de prensa y los medios de comunicación independientes.

Todo este panorama ( ruptura de la unidad de España, paro, miseria, odio religioso, destrucción de la libertad de prensa) después del duro desgaste del gobierno socialista 2004-2011 acabaría, seguramente, llevándonos al enfrentamiento civil.

Hay que decir que, de momento, se ha salvado el peligro gracias en parte a que muchos destacados dirigentes del PSOE han evitado el pacto de su partido con la extrema izquierda neocomunista y populista y con los separatistas catalanes y vascos, pero para acabar de conjurar el peligro es necesario que las próximas elecciones las gane el PP con el mayor número de votos y escaños posible.