Es indiscutible que la tauromaquia forma parte del acerbo cultural español aunque en la actualidad está siendo fuertemente contestada y cuestionada su legitimidad. La tauromaquia es endémica de España y se ha extendido también a sus áreas de influencia cultural, y es una expresión, quizá de forma desmedida, de la hondura mística poético-artística de España, de su Nación y de sus pueblos y es una de las manifestación del ser trágico de España y uno de los indicios de su cosmovisión y propuesta civilizatoria universal.

La experiencia de la tauromaquia remite, a una experiencia atávica del hombre y de la especie humana, como es la lucha por el control y dominio de la naturaleza y, por extensión, la lucha por la propia supervivencia, mejora y progreso del hombre, como especie dominante de esta misma naturaleza, pero que posee algo único, como es una chispa o intelecto ( del que Aristóteles habla como nous o inteligencia) mediante el cual se posibilita la aparición de la conciencia, la reflexión y la capacidad de introspección, y que es la fuente de la legislación moral del hombre.

Es la lucha de las fuerzas oscuras de la materia y la naturaleza encarnadas por el astado y la luz de la inteligencia y espíritu del hombre que logra sacar belleza de la bravura y carácter del animal mediante, una especie de baile entre el hombre y el animal, a través de los quiebros con el capote y, finalmente, acontece la muerte del animal como símbolo del poder y preeminencia del hombre sobre una naturaleza que, ya el Libro del Génesis en el Antiguo Testamento reconoce que Dios entregó al hombre para que este la dominara y la sometiera ( que no es lo mismo que destruirla y aniquilarla como actualmente el interés económico está haciendo) y en el fondo la conservara.

España es una Nación y un destino trágico, por esta razón la tauromaquia, representa perfectamente esta realidad luctuosa a través de una manifestación, de algún modo controlada ( siempre puede morir el torero en la plaza ), en la que la sociedad asiste al teatro de esta realidad, resguardada en las gradas y sin sufrir menoscabo en su propia integridad personal, regocijándose de la habilidad del torero-artista, y sabiendo que en la plaza termina la cosa y que no habrá consecuencias negativas para nadie, más allá de la muerte del animal.

Vídeos destacados del día