Actualmente España se encuentra en una encrucijada histórica, sometida a dos poderosas fuerzas que luchan entre sí por la hegemonía política, social e ideológica. Por un lado un movimiento de carácter nihilista que sueña con quebrar su unidad, o al menos dar esa oportunidad a las fuerzas más radicales, derogando de facto la Constitución que nos dimos todos los españoles en 1978, e instaurar en sus restos, un régimen de matriz comunista y de carácter totalitario como el que actualmente hay en Cuba.

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A través de la retórica populista dirigida por astutos líderes mediáticos, financiados en sus orígenes por regímenes como Venezuela o Irán, que extraen su capacidad de influencia mundial de sus recursos naturales, en este caso el petróleo.

Este movimiento bebe del marxismo clásico de marchamo revolucionario. Por otro lado existe una fuerza liberal-conservadora de fundamentos cristianos que cree en la libertad individual como valor absoluto, en el libre mercado y la libre iniciativa y en los mejores valores humanos como la solidaridad y el auxilio al necesitado y que se inspira en la teoría liberal que estructuró John Locke en el siglo XVII.

En medio de estas corrientes de fondo navega la socialdemocracia con sus múltiples crisis de identidad desde la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, esta socialdemocracia tiene un alma que le exige colaborar con las fuerzas liberales y aquí es donde muestra su mejor faz y la sociedad obtiene los mayores beneficios de la colaboración, por otro lado, existe un alma radical y guerracivilista, que tanto auge tuvo durante la Segunda República Española, y que acaba conduciendo al enfrentamiento civil abierto o larvado.

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Este es a grandes pinceladas el fresco de la política española: de la deriva del PSOE hacia el terreno populista-fracturador de PODEMOS o su colaboración con el PP y C´s depende que el futuro de España esté en manos de los que amamos esta antigua Nación o bien caiga en manos de los que la quieren destruir para satisfacer sus ansias de poder y latrocinio. España es un proyecto, si se sabe gestionar bien, con un enorme potencial de futuro a nivel mundial.