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Tienen detrás el apoyo incondicional y casi religioso de medios de comunicación que les tienen como ejemplo no digamos de santidad, sino de decencia, de querer regenerar el mundo que para ellos es todo pecado. Aunque digamos que medios de comunicación ya de poca importancia, al haber sido estos rebasados por las modas y por su incapacidad para ponerse al día.

Son el ex banquero de Banesto, Mario Conde, el cual pasó muchos años en la cárcel por sus chanchullos sin fin en aquel Banco, cuya caída con sus huesos en la prisión no evitó con aquella insólita pretensión de entrar en Política, comprando el agonizante CDS que antaño liderara Adolfo Suárez (fue, no olvidemos, una escisión en 1982 de la desaparecida UCD) y liderándola Conde con aquellos carteles donde él mismo aparecía con gesto severo y el eslogan “Hace falta. Vota fuerte”.

Pues ni fuerte, ni débil, ni nada; se pegó el mismo batacazo que Jesús Gil con su GIL, partido ahora desaparecido desde que murió el ex Presidente del Atlético de Madrid, que fuera de Marbella, donde tenía sus incondicionales, no era nadie políticamente.

Ni un solo escaño, y Conde a la cárcel, a llevar el uniforme que hemos visto en las películas.

Ahora, después de años de contertulio en Intereconomía y de haber querido nuevamente entrar en Política presentándose a las elecciones gallegas con partido propio, SCD, con nuevo fracaso rotundo, Conde vuelve al talego por haber querido recuperar el dinero que escondió en Suiza, y que todo el mundo sabe que robó de Banesto en su momento.

Sus amigos de Intereconomía intentan defenderle, presentarle como un perseguido y calumniado, quejándose de las “penas de Telediario” y todo eso, algo que jamás tienen en cuenta cuando atacan a la izquierda o a Catalunya entera. O uno de ellos diciendo el otro día que por que él traiga el dinero a España “habría que quitar la Cibeles y poner en su lugar un monumento a tíos como él”, tergiversando el auténtico motivo de ese trasvase de dineros.

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A él se le une el sindicato Manos Limpias, que llevaba muchos años atacando todo aquello que según ellos fuera corrupto, inmoral o peligroso. Se le tuvo un cierto respeto cuando fue contra la Corrupción en la Familia Real y se personó como acusación en el Caso Nóos contra la Infanta Cristina y su corrupto marido.

Pero hace años que Manos Limpias, con mucho aire de superioridad y visión del mundo de que “todos sois pecadores, menos nosotros”, les llevó a poner querellas, luego archivadas por la Justicia, tan rocambolescas como contra el programa infantil de TVE Los Lunnis por mostrar una boda homosexual, o contra la Guardia Civil por permitir que Guardias Civiles homosexuales pudieran convivir con sus parejas, del mismo sexo, claro, en los cuarteles de la Benemérita.

Ahora se sabe que su líder, el ultraderechista Miguel Bernad, y toda la cúpula del sindicato se dedicaban a la extorsión, con fines nada nobles, y han sido detenidos. Se ha descubierto que pedían tres millones de euros para retirar su acusación en el Caso Nóos, y otros casos que supieron vendérnoslos como defensores de los pobres o de la gente decente.

Y con la complicidad de Ausbanc, un Banco que ha quedado en evidencia con este escándalo.

Veremos cómo reaccionarán esos medios de comunicación que les defienden, pero creo que les pasará como en esas películas o series americanas en donde líderes que tenían seguidores que morirían por ellos, al descubrirse que les engañaron, se iban sin querer ni mirarles y dejándoles completamente solos.