Me resulta muy curioso —y chocante a la vez— que cuando se habla en privado con un científico sobre los fenómenos anómalos, muestra cierto interés o incluso asegura que habría que investigar más a fondo. Pero cuando ese mismo científico está reunido con otros colegas suyos y salen tales asuntos a colación, ya muestra una actitud de negación o de desprecio. ¿Temor al ridículo, quizá? Es algo que advirtió el astrónomo y ufólogo J. Allen Hynek. Cuando llevó a cabo una encuesta entre otros astrónomos para conocer sus opiniones sobre el tema OVNI, se sorprendió al ver que el 41% de los que interrogó estaban muy interesados, tanto que ofrecieron sus servicios si alguna vez se los necesitaba.

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El 23% pensaba que los OVNIs representaban un problema más serio de lo que advertía la gente. Tan solo a un 36% no le interesaba para nada o era totalmente hostil al tema. "Esa cifra del 41% —los que eran comprensivos o más que comprensivos— merece un comentario, señaló Hynek.

He oído algunos de esos hombres desmentir todo interés en el tema de los OVNIs cuando participaban en una discusión colectiva con sus pares; sin embargo, cuando hablaron en privado, admitieron lo contrario. He observado este fenómeno con tanta frecuencia, que me siento llevado a denominarlo 'complejo de comité'. Se los podría enunciar como un teorema: Un científico confesará en privado interés por un tema que es polémico o no aceptable científicamente, pero por lo general no se arriesgará a pronunciarse cuando está en 'comité'".

Un científico intenta siempre mantener una imagen de cara a la galería. Cree que ya no sería serio si diese una opinión favorable hacia estos "temas raros". He tenido oportunidad de charlar en ocasiones con doctores y catedráticos de distintas ramas científicas sobre fenómenos como la telepatía, la clarividencia y la precognición.

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Y también sobre OVNIs. Algunos los rechazan de entrada, llevados por prejuicios y por falta de conocimiento. Niegan todo aquello que no encaja en los férreos esquemas impuestos por el establishment científico. Pero otros reconocen que es un campo que merecería un mayor interés y respeto por parte de la ciencia. Me ha sorprendido el aperturismo mental de algunos, incluso de neurólogos y físicos. Varios de ellos me han confesado haber vivido ciertos fenómenos extraños o, en sus ratos libres, hacer algunas investigaciones sin que nadie se entere. Obviamente, se han negado cuando les he sugerido —rogado más bien— hacerles una entrevista. Durante un tiempo mantuve correspondencia con un biólogo extremadamente escéptico. Pertenece a cierto grupo ultraracionalista que tiene como cruzada luchar contra las "pseudociencias". Le envié diversos trabajos científicos sobre parapsicología que él desconocía. Varias investigaciones experimentales que demostraban la realidad de la ESP (Percepción Extrasensorial).

Se sorprendió. Admitió tener una imagen muy deformada de lo que es la parapsicología, debido a los medios no especializados. No sabía que es una disciplina que desde 1969 forma parte de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS). Tras estudiar la documentación que le facilité, me respondió: "Dentro de lo que se consideran pseudociencias, la parapsicología es, a pesar de mi escepticismo sobre ella, la única parte que estoy dispuesto a aceptar, al menos como posibilidad. Creo que es prematuro anunciar que estamos ante fenómenos reales y medibles pero, como tú, pienso que vale la pena estudiarlos (eso sí) seriamente". ¡Vaya!