Desde que el 20 de Noviembre de 1975 muriera el general Franco la izquierda española ha ido conquistando -no sin jugar sucio muchas veces-  la preeminencia en el espacio de la cultura en España.

A través de toda una maraña de consignas y dogmas más que discutibles y toda una red de empresas periodísticas y audiovisuales, poco a poco, se ha  tornado hegemónica ante una derecha acomplejada e incapaz de defender sus convicciones, algunas de ellas, sumemente valiosas para la prosperidad ética y moral de la sociedad.

Desde la izquierda cultural se ha aupado a la izquierda política al poder y los sucesivos gobiernos de izquierda que ha tenido España desde la Transición han vaciado de contenido la educación, han luchado denodadamente contra los valores que encarna la Nación española y han renegado de su propia Patria para intentar mediante ingeniería social un cambio radical de los valores espírituales de la Piel de Toro, para que Ésta olvidara sus raíces y, en medio de la desorientación general, dominarla, y alterar profundamente su estructura histórica y espiritual para convertir a España en subordinada de otras potencias extranjeras y destruir los valores espirituales perennes que encarna.

Para ello se ha utilizado como ariete a la infancia y la juventud españolas a las que se ha mentido, manipulado, envilecido y finalmente destruido espiritualmente para lograr los objetivos que todos los lacayos del posmodernismo, neomarxismo y el estructuralismo tenían maquinado, para corroer y corromper los fundamentos de la Nación española y el Estado a través principalmente de las leyes educativas que ha aprobado la izquierda y con la colaboración del emporio mediático que les secunda.

Es tremendamente grave que la derecha cultural y política española no haya sido capaz de hacer frente a este desafío y no haya estado a la altura de las circunstancias. ¿Cómo puede aceptar un país que desde sus instituciones legislativas y de gobierno se apoye el suicidio asistido, la muerte del nasciturus, se permita abortar a menores a espaldas de sus padres o se eleven a los códigos jurídicos instituciones contranatura cuyas actitudes deberían, en el mejor de los casos, pertenecer al ámbito estrictamente privado?