Parece que desde algunos sectores de la izquierda española hay un intento de blanquear el pasado criminal de la organización terrorista ETA y admitirla como interlocutor válido en el escenario político español. Esto es una grave equivocación por parte de estos ámbitos sociales, políticos, institucionales y académicos de clara vocación izquierdista radical, ya que todo este entramado terrorista no ha aceptado la tremenda responsabilidad que pesa sobre sus conciencias por sus acciones criminales y pretenden difuminar su instinto criminal y asesino en un mal llamado "conflicto político entre las Vascongadas y el Estado" para no asumir sus monstruosos crímenes, como las matanzas indiscriminadas mediante coches bomba ( véase atentado de la Plaza de la República Dominicana en Madrid en 1986 o el atentado de Hipercor en Barcelona) o el tiro en la nuca ( véase Gregorio Ordóñez) o el asesinato a balazos de gente desarmada ( véase Francisco Tomás y Valiente o Carmen Tagle) o el secuestro (véase Ortega Lara) o el secuestro y asesinato (véase Miguel Ángel Blanco).

Desde que la serpiente saliera del huevo y cogiera el hacha asesina, en 1959, originada en algunos ámbitos del separatismo vasco eclesial y cometiera su primer asesinato en 1968 la historia de crueldad, terror e infamia de estos enloquecidos criminales no ha cesado de crecer hasta que de momento, en 2011, decidieron tutelar la desmembración del Estado pactando con el socialismo español y el separatismo catalán y ver la evolución de la situación desde una posición más confortable debido, en gran medida, al estupendo trabajo de los cuerpos policiales españoles en especial la Guardia Civil (con su propia sangre han pagado la defensa de España), los servicios de inteligencia y la colaboración internacional en especial la de Francia con Nicolas Sarkozy al frente.

Pero hay que recordar a los sectores decentes de la izquierda española que ven con horror este repugnante blanqueamiento, sin arrepentimiento ni constricción, por parte de asesinos que, en el fondo, siguen justificando su actuación en nombre de delirios intelectuales  -o del sueño de esa razón que decía Goya provoca monstruos- , que no es lícito moralmente que un puñado de asesinos convictos diseñe ninguna hoja de ruta a ninguna parte ni que participen del juego de las instituciones democráticas aquellos que todavía tienen humeantes los cañones de sus pistolas.

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