Desde niños se nos habla de “próceres” que lucharon por independizar las naciones del yugo español.

Lo que se oculta es una serie histórica de calamidades y atrocidades como consecuencia y a partir de las “Guerras de la Independencia” como no se había visto jamás en tierras americanas.

Esos supuestos héroes fueron en verdad agentes traidores a su Patria, España.

Al falsear y tergiversar la historia, se logró que las desgracias se repitieran hasta la actualidad.

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Hoy nos encontramos con un conjunto de países sumergidos, cuando de acuerdo con sus recursos naturales y su gente, podrían gozar de un desarrollo digno de envidia.

Se falseó la historia verdadera con el fin de dividir a los que fueran los grandes virreinatos americanos, en más de veinte países, muchas veces absurdamente enfrentados entre sí.

Se inició un plan perfectamente orquestado desde Gran Bretaña (1711), para “humillar a España” (tal la denominación que le dio su autor), cuyas operaciones se iniciaron de inmediato con el fin de minar el poder ibérico en sus territorios del Nuevo Continente, Asia y Oceanía.

En el virreinato rioplatense, se logró separar las zonas productoras de metales preciosos (principal fuente de riquezas de la América virreinal) de las proveedoras de alimentos: así se explica la secesión de dicho Virreinato en lo que hoy es Argentina, Paraguay y Bolivia (Alto Perú). El fin fue descalabrar esa actividad enriquecedora.

Por otro lado y aprovechando las guerras napoleónicas, intentaron apoderarse de la capital de ese territorio español, enviando dos expediciones militares en 1806 y 1807 contra Buenos Aires, derrotadas por la heroica acción de las milicias populares criollas.

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A pesar de ello, los invasores lograron robar inmensas riquezas que se enviaron al Reino Unido y, lo que resultó peor, plantaron la semilla de la próxima etapa del plan: las revueltas que se llevaron a cabo pocos años después y que concluyeron en una nominal “independencia”.

Para ello contaron previamente con planes de acción llevados a cabo por personajes hoy devenidos en “Padres de la Patria”. Mucho se ha hablado a lo largo de los años de Bolívar y de San Martín y su gesta “libertadora”. La misma fue organizada e impulsada desde Londres, con su complicidad y la de los contrabandistas e “iluminados” porteños de entonces.

Desde entonces los resultados fueron devastadores. Divisiones, guerras civiles, saqueos, empobrecimiento general, pérdidas territoriales y establecimiento de estructuras históricas de poder subordinadas a intereses extraños, con muy contadas excepciones.

Cuando emergieron movimientos que llevaron a cabo políticas destinadas a revertir ese estado de situación, fueron presionados y calumniados cuando no, brutalmente derrocados.

Una muestra de esa herencia se ilustra a través de una anécdota del Presidente Yrigoyen (1916–1922/1928–1930), con el embajador británico, quien le indicó que “Su Majestad vería con agrado estos miembros en su gabinete” (entregando una lista con nombres de personajes afines a la política británica), aquel le manifestó: “Señor Embajador, hágale llegar a Su Majestad mi agradecimiento por la sugerencia, pero de ahora en más en Argentina, el gobierno lo decide su pueblo”. Poco tiempo después es derrocado.

La historia se repite en casi todos los países de la región, ya que no se trata de una sucesión de hechos aislados, sino una proyección de situaciones y circunstancias a través del tiempo, relacionadas entre sí. Hoy vemos tristemente los resultados.