El aberrante separatismo catalán con toda su panoplia de gestos, actitudes y desarrollo legislativo es una máquina de mentir a sus súbditos y por extensión es un insulto a la inteligencia y una negación de la decencia. Basan todo su chiringuito intelectual en algo tan subjetivo y poco racional como los sentimientos -que por otra parte cada hijo de vecino sea o no separatista tiene los suyos- para construir un trasnochado constructo que, con una superficial observación, se ve claramente que amenaza ruina.

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Son tan poco serios y corteses que lo primero que hacen con los clientes de su pútrido caldo intelectual no es preguntarles si les apetece otra cosa sino que, embudo en mano, les hacen engullir la máxima ración que pueden antes de que caigan en coma - ya sea a través de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales o cualquiera de los periódicos y radios que tienen en su órbita gracias a las enormes cantidades de dinero que en forma de subvenciones van a estas empresas periodísticas, que por otro lado, no han oído ni quieren oír hablar de ética periodística y que sus códigos deontológicos deben estar escritos por Goebbels en el mejor de los casos.

Lo cierto es que desde que Verdaguer allá por el siglo XIX  inspirándose en el movimiento romántico de raíces germanas que bebe de Herder y Fichte empezó a construir toda la entelequia de la patria catalana buscando la mitología medieval de los condados catalanes y posteriormente cuando  el movimiento de la llamada Renaixença ( o sea Renacimiento)  articuló todo esto y formó el fermento de lo que será posteriormente todo el aparato cultural popular del separatismo que se institucionaliza ya en el siglo XX con Enric Prat de la Riba y el movimiento político-cultural llamado Noucentisme ( o sea Novecentismo) en Cataluña la política ha pivotado alrededor del secesionismo cuyo culmen - dejando de lado el momento actual- sucede el 6 de Octubre de 1934 cuando el presidente de la Generalidad Lluís Companys, aprovechando el desorden de la Revolución de Asturias, proclama el estado catalán traicionando y dando la puntilla a la Segunda República Española que a partir de entonces empieza a rodar por la pendiente de los odios cainitas que conducirán a la Guerra Civil.

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Hay que estar prevenidos para que el cáncer del separatismo no destruya España.