A finales del 2015, días previos a la elección parlamentaria venezolana, atentamente escuché las posibles razones que tristemente contribuirían con el fin de la Revolución Bolivariana.

Me resulta difícil olvidar que no será una “guerra económica” sino la falta de tres revoluciones que se traducen en moral, valor y conciencia lo que nos llevará al descenso.

A diferencia de Cuba, en #Venezuela, no existe ninguna de las tres revoluciones aludidas; a pesar de que durante el Gobierno Chavista la UNESCO declaró a mi país territorio libre de analfabetismo, creó 44 universidades siendo el quinto Estado en el mundo con el mayor número de estudiantes universitarios, sin olvidar que toda la educación es gratuita; además se incrementó la inversión pública en salud, siendo el quinto país en la región con la mayor cantidad de médicos por cada mil habitantes, salvando 1,7 millones de vidas gracias a la Misión Barrio Adentro...

Y así alguien interrumpió:

- ¿Pero cómo puedes hablar de Cuba?

- ¿Con cuál moral si se han jactado con las jineteras más cultas del mundo? (según el mismo Fidel Castro pensé, y ni hablar de los pingueros)

- ¿Cómo supones que persisten los valores cuando la cortapisa es barbara?, y conciencia de qué, de todo lo que no pueden tener...

Vaya que está perdida la Revolución en mi país. Con una concepción tan dispersa de lo que aún hoy ocurre en la Isla, estamos súper perdidos.

Los resultados son obvios. La nueva Asamblea Nacional, representada en su mayoría por la Mesa de la Unidad Democrática, inicia ese descenso que a tan solo dos meses después de su instauración oficial, habla de solicitar la renuncia del Presidente Nicolás Maduro, de aprobar una enmienda constitucional para reducir su mandato y del referendo revocatorio.

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Todo o nada. Todo por lograr una salida elegante en cumplimiento de las leyes o nada, nada que evite esta incertidumbre frente a cómo gobernar con dos visiones de país tan distintas.

Pensando en hechos fortuitos y sin aforismos, no sé por qué siento que estamos entrando una vez más en la llamada fase de calentamiento de calle del Golpe de Estado Suave.

Gente y más gente en las calles. Ya lo dijo Ernesto Medina en su documental “Guarimbas, Táchira 2014”, en donde deja al descubierto el método para derrocar gobiernos según lo expuesto en el libro “De la Dictadura a la Democracia” de Gene Sharp.

En Venezuela no es la primera vez que nos enfrentamos en batallas de este tipo. La diferencia es que esta lucha es cada vez más dura y por supuesto Venezuela no es Cuba y Maduro no es Chávez.

A estas alturas no se trata de buscar culpables, sino acciones que verdaderamente revolucionen.