"¡Qué niño tan malo"! ¡"Deberías controlar más a tu hijo!" "¡Mira cómo se ha puesto por revolcarse en la arena!" "¡Deberías castigarlo!". ¿Cuántos padres habrán escuchado estas frases y otras aún peores en bocas de desconocidos o incluso de familiares? Desgraciadamente intuyo que muchos. Y es que parece ser, que lo que la sociedad quiere es que los niños se estén quietos, no molesten, no se levanten, no hablen, y sean increíblemente sumisos. Es decir, cuánto menos pregunten mejor, cuántas menos oportunidades se les de a los más pequeños para que descubran o para que experimentan por sus propios medios, muchísimo mejor.

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Dónde va a parar. 

Es que está mal visto. Está mal visto que un niño se manche las manos, está mal visto que un niño no se quede sentado durante una hora en un evento familiar o en el propio centro educativo.

Está mal visto que un niño diga que no le apetece hacer una cosa, que no quiere dar besos o que no quiere comer más. Está increíblemente mal visto. Por supuesto, lo que la mayoría de la sociedad valora es que los más pequeños estén sentados al lado de sus padres, que escuchen atentos sin moverse de dónde están, que den besos y abrazos a sus familiares aunque no quieran y que se coman todo el plato. 

Pues no, personalmente no me da la gana que eso sea así. Y admiro a los padres que están orgullosos de sus pequeños investigadores, descubridores. A esos padres que se ríen cuando sus hijos se tumban en la arena o en la hierba con una sonrisa en la cara al sentir en sus dedos que está mojada. A esos padres que brindan las oportunidades necesarias a sus hijos para fomentar su autonomía. Para que sean ellos mismos.

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Para que sean felices. A esas familias que no obligan a sus hijos a dar besos ni a estar sentados. A esos padres que respetan la personalidad de sus niños. A esos padres que educan alejados de la sumisión y de las etiquetas. 

¿Niños malos? No, no lo creo. Más bien niños inquietos, interesados, sorprendidos, creativos e ilusionados por el entorno y el ambiente. ¿Niños rebeldes? En absoluto. ¿Padres permisivos e indiferentes? Claro que no. Más bien padres que lo único que quieren es enseñar valores importantes para el día a día a sus hijos. Padres libres de prejuicios. Padres que ponen límites, sí, pero que son razonados, adaptados y coherentes. Padres que son felices con ver sonreír a sus hijos. Impedir que un niño explore, experimente, mire, toque y se manche, me parece una tontería. Y las familias que someten a sus hijos a no preguntar, a no mirar, y a no descubrir, están haciendo que los niños se pierden pequeños detalles de la vida, que en su futuro serán los más importantes.