El líder abertzale Arnaldo Otegi ha abandonado este martes la cárcel de Logroño en la que cumplía condena. La salida de prisión del dirigente independentista ha desencadenado una importante reacción en diferentes sectores de la sociedad española, llegando incluso algunos medios a apuntar que la puesta en libertad de Otegi es más importante para el futuro de España que la sesión de investidura a la que se enfrenta en el Congreso de los Diputados el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.

Desde diferentes medios se ha puesto énfasis en que Otegi, que está intentando rebajar la inhabilitación que le impide disfrutar de su derecho al sufragio pasivo, se ha convertido en uno de los grandes riesgos que amenazan la unidad de España.

Pero, ¿qué significa la unidad de España? ¿Se puede hablar de unidad en España? La difícil situación a la que se enfrenta el país desde hace casi una década ha dinamitado cualquier unidad que pudiera haber en España. La población vive realidades completamente diferentes en función de la posición económica en la que se encuentra.

Para muchas personas, la Crisis ha supuesto una oportunidad con la que hacerse fuertes ante algunos sectores de la población que pujaban por mejorar sus condiciones de vida, algo que no sentaba nada bien entre las rentas más altas. En los últimos años la sociedad española ha ido evolucionando en dos planos diferentes. Uno al alza, en el que los más fuertes han aumentado su poder, y otro a la baja, en el que los sectores más desfavorecidos han experimentado una pérdida importante de su calidad de vida y poder adquisitivo.

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Esta realidad provoca inevitablemente que no se pueda hablar España como un país unido, ya que la realidad es radicalmente distinta en función del sector de la población que se quiera analizar. Sin embargo, las organizaciones y partidos vinculados a la derecha política han enarbolado en los últimos años la bandera de la unidad nacional como una de sus luchas más importantes, sobre todo ante el avance del desafío independentista catalán.

Estos partidos y organizaciones han simplificado su análisis para concluir que España es un concepto geográfico en el que no tienen cabida las personas. En otras palabras, están dispuestos a defender que España, tal y como la entienden, es un concepto delimitado por unas fronteras y territorios históricos, mientras que las personas que habiten estos territorios no entran en la ecuación.

La conclusión de estos sectores es que Cataluña o el País Vasco son España, pero no así los catalanes o los vascos. Los habitantes de estas dos comunidades autónomas se han visto despojados del derecho a decidir sobre la realidad de los territorios en los que habitan y han sido perseguidos cuando han desafiado a los poderes constituidos con actitudes calificadas de 'secesionistas'.

Sin embargo, esa España que defiende más el legado del Cid que la vida de las personas que hoy en día viven en el país, no es consciente de que lo que de verdad amenaza a la unidad es la gran división social y económica que existe entre la población. Para poder disfrutar de una España unida es necesario que muchas personas renuncien a sus privilegios con el fin de ayudar a los más desfavorecidos y afectados por la crisis.