La Institución Libre de Enseñanza (ILE) fue un proyecto educativo que se materializó en 1876 gracias a un nutrido grupo de intelectuales entre los que destacó  Francisco Giner de los Ríos. La exposición “Giner", ubicada en la antigua casa-escuela del catedrático (Paseo General Martínez Campos, 14) recorre las tres etapas de la Institución mostrando su impacto en la sociedad del siglo XIX.  

“Libertad sin ira”

Los promotores de la Institución defendían la libertad de cátedra, algo que les costó la suspensión temporal de sus puestos en la universidad.

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Sin embargo, estos castigos no minaron su moral: para proteger a las futuras generaciones de la programación ideológica, política y educación debían operar por separado. En la actualidad, tanto alumnos como profesores exigen aplicar los principios que se predican en el artículo 15 de los estatutos de la ILE: preservar la educación del condicionamiento político, filosófico y religioso.  Los expertos aseguran que este enfoque tendría numerosos beneficios en el rendimiento escolar, ya que los planes de estudio presumirían de continuidad y dejarían de ir a la deriva por los constantes cambios de gobierno. 

Giner aseguró que la “tolerancia positiva” era su religión.

Gracias a esto, en las aulas de la Institución había espacio para todos. Giner creía que  las mujeres tenían los mismos derechos que los hombres, por eso defendió su entrada en el mundo universitario. Desde sus orígenes, la Institución cooperó con la  Asociación para la Enseñanza de la Mujer, fundada por Fernando de Castro en 1870.  También, estuvo fuertemente ligada a la Residencia de señoritas (1915), dirigida por la brillante María de Maeztu, y que funcionó como trampolín para los estudios superiores.

España también es Europa

Julius Meier-Graefe resumió muy bien el pensamiento de la Institución cuando dijo que “hay una España europea, quizás sea incluso mayor que la compacta minoría existente en países que marchan a la cabeza de la cultura”. La Junta para la Ampliación de Estudios (JAE) se ocupó en promocionar la obra de la Institución.

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Miles de mujeres y hombres disfrutaron de las becas que concedió la Junta para estudiar en el extranjero. Además, la JAE promovió la investigación española mediante la creación de una red de laboratorios por toda Europa.

Enseñanza integral

Giner rechazaba la acumulación de conocimiento, tan habitual hoy día en las aulas, ya que una cosa es estudiar y otra muy distinta, aprender. Por eso, a menudo se organizaban salidas al exterior y el aula funcionaba como un taller, así  los alumnos aprendían a través de la experimentación y la observación. La ILE impulsó la una educación poliédrica, evitando encasillar a los alumnos. El sistema actual es restringido y tiende a etiquetar a los estudiantes en ciencias o letras cuando son aún demasiado jóvenes.

Esto cauteriza su creatividad y anula su capacidad de aprendizaje y algunos se ven abocados a elegir su futuro cuando no se sienten preparados.  Por otro lado,  los temarios propuestos dejan poco espacio a la improvisación y el profesor, aunque quiera, no tiene posibilidad para maniobrar, ya que el objetivo principal hoy es aprobar y no aprender.

Sin embargo, el propio Giner, a quien Unamuno llamó “nuestro Sócrates español”, dijo: “el maestro es quien, rompiendo los moldes del espíritu sectario, exige del discípulo que piense y reflexione por sí mismo; que investigue, que arguya, que cuestione, que intente, que dude, que despliegue las alas del espíritu”.