Otra conclusión a la que llega Antonio Ribera es “Abducción” es que “la gama o espectro de los abducidos es muy estrecha”, ajustándose a un patrón más o menos determinado y determinante. Para el fallecido investigador, los sujetos víctimas de abducción presentan una serie de características que los definen como una especie de “sujeto ideal” para esta clase de experiencia. Ya no es un #Misterio que, a grandes rasgos, el perfil medio del abducido es el de un hombre o mujer “sano” de cuerpo y espíritu, no mayor de treinta y cinco años, dotado o dotada de un coeficiente intelectual superior a la media y sin el menor rastro de afecciones psicopatológicas –lo cual contradice abiertamente el hilo argumental de la revista de la parte 1 de este artículo–.

Estas características se dan, según sus estudios e investigaciones, en el noventa por ciento de los casos.

Autores como el exjesuíta Salvador Freixedo hacen hincapié en que, en muchos casos, la víctima es prácticamente violada; se cuentan numerosos testimonios de episodios ovni en los que sus protagonistas han sido forzados a mantener relaciones sexuales con los entes que los tripulan, y esto no son #Leyendas. Hay que señalar que muchos de los datos arriba mencionados han sido obtenidos a posteriori de la traumática experiencia mediante técnicas de regresión hipnótica. Algo bloquea la mente del protagonista, impidiéndole recordar los hechos. Éste es un detalle sumamente delicado y aterrador, pues hace pensar que “alguien” no desea que el sujeto recuerde la experiencia.

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Y cito a Ribera: “…si la respuesta es que las abducciones son reales, entonces las implicaciones de ello son enormes: como ya hemos dicho, significaría que un equipo o equipos de entidad de origen desconocido (extraterrestre, ultraterrestre o procedentes de “n” dimensión) estarían programando a semejantes nuestros, con finalidades que desconocemos…”

Muy importante es la experiencia que se llevó a cabo sobre nueve pacientes, que fue encargada a la Dra. Slater que desconocía que el experimento tenía “trampa”. El resultado fue sintomático. Se desprendió del estudio que los pacientes mantenían un estado de “constante alerta”, y cierto grado de ansiedad. Guardaban, sin saberlo, un “terrible secreto” oculto en los estratos más profundos de sus mentes. Los nueve mostraban unos rasgos psíquicos equivalentes a los que presentan las víctimas de una violación, habiendo quedado estigmatizados por la experiencia. La doctora no sabía que todos ellos habían sido abducidos. Recomiendo la lectura de este caso en el libro de Ribera, o en otro clásico e imprescindible libro, firmado por el investigador catalán Pedro P. Canto –“Visitantes de dormitorio”, Ediciones “Temas de Hoy” (1994)– quien trabajó estrechamente con Ribera.

Ambos han marcado un hito en la investigación de estos temas.

Sea como fuere, el de las abducciones es un tema complejo, que engloba multitud de vertientes de las que podrían desarrollarse cientos de monográficos… y también es sobrecogedor que, con toda seguridad, guarda muchísimas implicaciones para el ser humano.

La abducción es una experiencia no deseada… e imposible de “destripar” de un plumazo desde un simple artículo, por “crítico” y “cientifista” que sea, como el que citaba en la primera parte de este escrito.

(Parte 3 de 3) #Investigación científica