Mayores reservas de petroleo probadas, ubicado entre los diez primeros países con reservas de gas, amplísimo potencial turístico, industrial y agrícola, y entre otras cosas, las mujeres más bellas del mundo. Nada de esto ha sido suficiente para mantener a los venezolanos dentro de este hermoso país. ¿Razones? muchas, ¿Soluciones? también. ¿Intención? Ahí es donde empieza el complicado camino de la explicación de qué es lo que está pasando.

No es un secreto para el mundo la situación de Crisis humanitaria, social y económica (por no hacer más larga la lista) que actualmente sufre Venezuela y lo que esta nos está dejando para el futuro, y es que una de las principales interrogantes es qué va a pasar cuando se necesite reconstruir el país desde abajo y no hallemos las herramientas y el capital humano para hacerlo, haciendo énfasis en este último.

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Casi dos millones de venezolanos han guardado su vida en un par de maletas con la esperanza de encontrar en el extranjero las oportunidades que, incluso existiendo dentro del país, el marco general no les permitió siquiera considerarlas.

Robos a la orden del día, abuso de poder por parte de cuerpos policiales y militares, corrupción en todos los niveles y degradación cultural desde el seno de la familia, son las válidas excusas que escuchamos cada vez que le preguntamos a un emigrante el porqué de su partida. Una decisión por demás difícil, pero en algunos casos tan necesaria que, al evaluar los hechos particulares, hasta los más reacios ceden ante inequívoca opción de comprar un boleto sin retorno.

Siendo el factor social una de las principales razones del emigrante, no menos importante es el factor económico. Las distorsiones generadas por un control de cambio excesivamente prolongado, el anárquico dólar paralelo que, aunque a muchos les haga ruido, sí es parte de una guerra económica y los desaciertos masivos del régimen chavista en esta materia, han generado una situación generalizada de descontrol sobre la moneda que afecta un poco a los ricos y mucho a las clases medias y bajas del país.

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Sin embargo, y aunque parezca paradójico, Venezuela sigue siendo un país de oportunidades. Tomar la desventura como una ventaja y madurar la idea de emprender, son los pensamientos de muchos de los que hoy seguimos haciendo vida en Venezuela. Por destruir queda poco, aunque hemos tenido nefastas sorpresas durante los últimos diecisiete años, pero a partir de ahora  y con los cambios latentes que venimos observando, la esperanza vuelve a abrir los ojos. Los sectores de manufactura, agro-industriales, energéticos y de comercio no dejan de ser atractivos para los capitales internos y foráneos de cualquier escala que deseen invertir por Venezuela. Los sectores de servicios y turismo siguen siendo mercados cautivos con gigantes oportunidades de exitosa explotación, por mencionar solo áreas macro. 

Está demás decir que el venezolano es nuevo en esto de emigrar, puesto que nunca ha sido parte de nuestra cultura, y aunque la gran mayoría son personal altamente calificado y de óptimo desempeño en los cargos ocupados en empresas extranjeras, la satisfacción de hacer lo mismo dentro de Venezuela, en muchos casos no es intercambiable.

Al final es coherente la idea de irse, pero, y contra todo pronóstico, también es coherente la idea de quedarse, y haciendo valer el sentimiento nacional y de pertenencia que a muchos nos hacía falta, más temprano que tarde, volver también será seguramente el proyecto de muchos que salieron con la esperanza de regresar al país que los vio nacer.