Cuando el nuevo año empieza a tomar carrera y enero se acaba, ya comenzamos otra festividad… y no, no son los carnavales locales… Es el amado y temido 14 de febrero.

Tanto de una manera u otra, tengamos los pensamientos y actitudes que tengamos, solemos prepararnos con antelación emocional ante este día. 

De hecho, es extraño, pero no sólo ocurre con esta festividad, sino con todas. Cuando llegan las navidades, la primavera, las fiestas locales, hay quiénes llenan sus redes sociales de mensajes positivos, esperanzadores y que llenan el corazón de amor y calidez. Así también, hay quienes aprovechan para comentar que sólo se trata de meros inventos cuyos orígenes se fomentan desde reuniones de marketing que como único objetivo tienen el afán de crear necesidades de consumo para luego provocar deudas y así, darnos de frente con las famosas «cuestas de enero, marzo, abril, etc., etc.».

San Valentín es una ocasión más para celebrar. Celebrar el amor, la vida. Celebrar que estamos vivos. Celebrar que contamos con buenos amigos. Celebrar que tenemos una familia unida. Celebrar que a veces, por más que cueste creerlo, hay personas que continúan ayudando sin esperar nada a cambio a otras personas. Celebrar que todavía hay fe en la humanidad.

Es como si de alguna manera, necesitáramos de cosas concretas como las «fechas especiales», para darnos cuenta de que tenemos que celebrar algo en tiempos de incertidumbre. ¿Por qué tenemos la necesidad de justificar una celebración?

Por un lado tanto si tenemos pareja como si no, solemos tomar dos tipos de caminos: si seremos cursis simplemente pasando el día al estilo típico o si no. En caso de que la respuesta sea la número dos, solemos ser agrios y pensar que es idea del marketing y punto.

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Celebrar la vida es algo que debería estar implícito en cada uno de nosotros, día tras día, sin importar qué fecha es. Si nos hace ilusión, es estupendo aprovechar la ocasión, pero no por ello tenemos que hacer caso de un día concreto para justificarnos y escoger que esa es la oportunidad perfecta para poder decir «te quiero», «te extraño», «lo siento» o «perdóname», o simplemente para reunirte con esa persona que hace mucho que no ves. Seamos más libres.   #Crisis