Transportation Research acaba de publicar un informe en el que asegura que limitar las velocidades en carreteras y autovías, como suele hacerse en otras ciudades de Europa, reduce la producción de gases contaminantes. También se ha comprobado, que disminuye las partículas de dióxido de nitrógeno (NO2).

Las medidas tomadas por el nuevo protocolo del Ayuntamiento de Madrid, como bajar la velocidad máxima permitida en carretera o restringir el estacionamiento, son solo un eslabón de la cadena. Según afirman los especialistas, esto no reduce los niveles de contaminación, ni tiene efectos sistemáticos en la atmosfera, pero evita que se produzca más daño al medioambiente.

El arranque y detención de los vehículos y la velocidad constante, sí descienden la generación de gases tóxicos. Con el descenso de la velocidad se reduce el gasto de carburante.

Algunos expertos sugieren implementar una tasa de congestión para el ingreso a las grandes ciudades. De esta manera, especulan, los usuarios utilizarían los vehículos de manera más responsable para con el medioambiente. Algunas de las metrópolis que ya emplean este sistema de regulación son Londres y Milán.