A algunos se nos queda cara de póker cuando vemos cómo el equipo pasa, casi inmediatamente, de una racha mediocre (por no decir mala) a un nivel, si no excelente, si al menos acorde con lo que se espera de jugadores de talla mundial, y sin duda que los del Real Madrid lo son, pero claro está, solamente cuando ellos lo quieren demostrar. Viendo cómo se han sucedido los acontecimientos, todo el revuelo de si la relación de muchos jugadores con Rafa Benítez era mala o “nula”, no podemos dudar de que el equipo no estaba fino porque ellos buscaban no estarlo.

No es la primera vez que son los jugadores los que deciden con su juego dar boleto a un entrenador.

Su última víctima fue Benítez, y antes lo sería Mourinho. Es difícil ponerse en la piel del técnico de un equipo con tanta historia, tanta gloria, y, como se suele decir, tan grande como el Madrid, pero visto lo visto podemos estar casi seguros de que Rafa lo veía negro y por más que el entrenador pudiera esforzarse en querer hacerlo bien, todo esfuerzo sería en vano: no era una cuestión técnica, sino de actitud, de garra, de entrega y, en definitiva, de querer hacerlo bien.

Y a todo esto, llegó Zizou. El genio francés subió de categoría blanca en el mejor momento posible: se trata de un hombre que gusta prácticamente a todo el mundo, elegante en el campo en su etapa como futbolística (salvo por el cabezazo a Materazzi) y elegante fuera de él. Pero sobre todo, alguien que conoce perfectamente a la plantilla.

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Hasta el momento, no hay duda de que hay “efecto Zidane”. Ahora se habla del Madrid de Zinedine, de la vuelta al buen juego, de la vuelta del Real Madrid.

Esta noche, el Madrid hacía un set al Espanyol. Todo salió bien: jugadas elaboradas, precisas, fluidez, con todos los jugadores rindiendo a un gran nivel, y sí, incluso un gran día para el tachado de ansioso astro luso, que firmaba un golazo (de los que se echaban en falta) y sumaba su treinta y pico hat-trick con esta camiseta. Y es que, solo fijándonos en pequeños detalles, nos damos cuenta de que hacía mucho que no se veía, por ejemplo, a Cristiano Ronaldo presionar de esa manera al rival con garra y coraje (y no con desesperación), incluso con el partido totalmente sentenciado.

Zinedine Zidane parece haber dado con la tecla de inculcar trabajo y sacrificio, y veremos si sigue en esta línea. Tocará callar a los que dicen que no está preparado para un equipo como este, o acabará por darles la razón…O quien sabe si, como otros dicen, recordará al caso Guardiola, un entrenador que pasa de las categorías inferiores al estrellato mundial en su primera gran oportunidad. Algunos ya se frotan las manos para ver si el “efecto Zidane” también vale contra equipos como Atlético o Barça….