La fiesta pagana más popular de nuestras fronteras ha finalizado. Han sido días intensos, cargados de caretas, pelucas y lluvia, mucha lluvia. En ciudades como Madrid, el carnaval pasa más bien desapercibido (y para algo que hacen, la que lían) entre tantos bares y discotecas de carácter cool, donde la gente guapa parece sentirse intimidada ante la llegada de algunos "payasos" que no llevan maquillaje Bobby Brown (más bien una especie de pegote barato del chino más cercano, que al día siguiente te deja la cara como si le hubieras echado ácido corrosivo), ni trajes acompañados de muchos ceros. Si no vas disfrazado como ellos, no entras. El carnaval es cosa de feos y de pobres.

Pero en algunas localidades remotas, localidades que no conocerás en tu miserable vida cosmopolita, los carnavales, los carnavales continúan siendo una orgía salvaje y, en algunos aspectos, siniestra, que reúne a cientos, no, ¡Miles! de almas herejes alrededor de una misma idea: pasarlo bien sin importar con quién. De hecho, en la extraña región de #Galicia (esa zona rural y desconocida, situada al noroeste de nuestra península, que carece de AVE y donde las autopistas desafían cualquier ley), se levanta una pequeña población, en el seno de Ourense, que vive estas fiestas sin medida, como tiene que ser. Estos días, en el remoto pueblo de Laza, la población, sencillamente, se triplica. Y todo gracias a un programa que reúne desde el lanzamiento de hormigas rabiosas, que son sometidas a un baño de vinagre y harina para que piquen mejor -una auténtica "marabunta" digna de una película de Quentin Tarantino- hasta los famosos peliqueiros, algo así como unos seres intocables al que debes rendir respeto, ataviados con palos que pueden dejar caer sobre el lomo de cualquier pobre bandido que se cruce en su camino.

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Además, los parroquianos se lo pasan bien lanzándose trapos impregnados de barro, y a saber que más... Obvio, que una espectáculo así de intenso, no es para todos los públicos. La tradición y el esplendor de ésta antigua fiesta de "entroido" (como se le conoce a los carnavales en dicha Comunidad Autónoma), no es para tacones de 20 cm y camisas planchadas con almidón. Por la diosa Carna que tú, así, aquí no entras.