Imaginemos un precioso puzzle en el que todas las piezas se van completando con fluidez para ir componiendo la fotografía de la caja que se ha elegido. Una tras otra van dándole forma a un dibujo que cuando se complete asombrará a quienes lo contemplen. Pero cuando llega el momento de añadir la última pieza ésta ha desaparecido y lo que iba a generar entusiasmo provoca, simplemente, admiración.

Sirva esta metáfora para hacernos una idea de lo que, desde el pasado 15 de enero, día en que se dieron a conocer las candidaturas al Oscar, nos espera en la noche del 28 de febrero.

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Una ceremonia esperada por millones de espectadores, en la que si el tempo no falla, el ritmo es el adecuado, el presentador, Chris Rock, hace gala de un humor irresistible y todo sale como imaginamos, resultará ser el espectáculo al que Hollywood nos tiene acostumbrados.

El escaparate está preparado.

Desde la alfombra roja, con actores que deslumbrarán y vestidos que serán el centro de conversación en muchos momentos del día siguiente, hasta el impresionante escenario por el que irán desfilando para entregar los premios, todo forma parte del reloj suizo que da la hora con exactitud y precisión. 

Otra cosa es ir mirando con lupa a los candidatos para poner a punto nuestras quinielas, y en este aspecto el puzzle se resquebraja y se le ven con nitidez las líneas que la distancia difumina. La ausencia de actores afroamericanos que merecían estar en las candidaturas, como Will Smith por La verdad duele o Idris Elba por Beasts of No Nation se ha criticado hasta el punto de oscurecer el buen criterio de los votantes.

Tampoco ha gustado la ausencia de Carol entre las candidatas al Oscar a mejor película y mejor dirección.

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porque quien la ve se rinde a la evidencia de que no solo debería competir en ellas sino ser clara favorita a obtener los premios en ambas.

Ha habido actores afroamericanos que han decidido no ir a la gala como forma de protesta por su ninguneo, pero habría que plantearse un hecho contundente: si los espectadores a favor de que Carol ganase como mejor película demostraran su disgusto no viendo la ceremonia, es más que probable que la audiencia de la gala se limitara a los invitados al Kodak Theatre.

Pero eso no ocurrirá. Injusticias aparte, es la noche de más glamour del año. Nadie, a pesar de todo, quiere perderse lo que allí ocurra, lo que la Academia decida respecto a cuáles son los títulos que ganan en uno de los años con mejores películas a competición que se recuerdan, y quiénes los actores que quedarán inmortalizados en las fotos. Y por supuesto, si los pronósticos se cumplen y Leonardo DiCaprio gana su merecido Oscar por El Renacido, ni un solo espectador querrá haber pestañeado frente al histórico momento.

Haya sido o no aburrida la gala, a las altas horas de la madrugada en que el Oscar al mejor actor sea entregado, no habrá lugar para el cansancio, porque el deseo de sus millones de fans se habría cumplido, Leo tendrá su preciada estatuilla en las manos, con la platea puesta en pie alborozada y Hollywood seguirá siendo la fábrica de sueños a la que todos quieren pertenecer pero en la que solo unos pocos privilegiados pueden triunfar.