Se dice que 2015 ha sido el año en que las temperaturas han sido más altas. Se dice que 2015 ha sido, en mucho, el año más cálido desde que se empezaron a tomar registros de esta clase para intentar documentar científicamente el fenómeno del #Calentamiento global. Un servidor –al que por el momento no le falla la memoria, a pesar de las canas– recuerda que, desde hace varios años, y consecutivamente, las noticias se encargan de recordárnoslo año tras año, en tono jovial y como quien no quiere la cosa: “…según estudios realizados, éste ha sido el año más caluroso desde…”

Lo mismo sucedió con los pronósticos para 2016 y, al parecer, la cosa no anda del todo desencaminada, puesto que ya empiezan a barajarse los primeros datos del presente año… ¡y eso que sólo estamos a febrero!

La #NASA, esa institución americana cuya palabra suele “ir a misa”, como decimos aquí, así lo ha confirmado de nuevo.

El pasado mes de enero quedó registrado, una vez más, como el más cálido a escala mundial; y conste que estos registros no empezaron a tomarse ayer, sino en el ya muy lejano 1880. Del mismo modo, y al margen de lo que pueda decir un gigante como esta Administración yanqui, el dato se ve corroborado por otra institución mucho más modesta, como lo pueda ser la JMA (siglas en inglés de la Agencia Meteorológica de Japón). Y no es moco de pavo, pues según el informe emitido por esta otra Agencia, la de este año supera en 1’13º C la media. Y no sólo eso -¡vaya con los dichosos japoneses!– sino que, desde el año 1891, ahí es nada, no se producían temperaturas tan altas, llegando a aumentar las medias del calentamiento global a un nada despreciable ritmo de 0’75º C por siglo. Y este dato, que podría significar a simple vista una nimiedad, no lo es en absoluto; no soy un especialista en esto, ni mucho menos, pero tengo entendido que podría acarrear algunos cambios espantosamente desastrosos.

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Pero lo que más asusta, lo que se hace más preocupante en todo este asunto, es que ya se ha pronosticado que acontecimientos de esta índole, muchos de ellos íntimamente relacionados con la palabra #Ecología y asuntos tan “feos” como “El Niño”, irán progresivamente en aumento, lejos de atenuarse o disminuir.

Y los que piensen que aquí, en la vieja España, en la profunda, nos escapamos de tal fenómeno, pueden ir olvidando el tema. Últimamente leo frases muy similares entre ellas en foros y redes sociales: “…no está haciendo invierno…”, o “…a ver si viene el frío, que estamos a febreo…”, o incluso “…oye, ¡hemos pasado las Navidades en mangas de camisa…!”

No. No exagero en absoluto. Y me preocupa. Me preocupa que, entretanto, la lluvia tampoco se ha prodigado demasiado por estos lares. Eso, entre otras cosas, me hace pensar en mis hijos, en mis nietos, y en futuras generaciones quizá no tan lejanas de la nuestra. Porque, amigos, si cuando Estados Unidos -o la NASA, que es lo mismo- estornuda el mundo se resfría, como dice el viejo adagio, ¿qué sucede cuando la Tierra tiene fiebre?

Me da miedo pensarlo.